Belgrano, Manuel
 
| ALGUNOS DATOS BIOGRÁFICOS |
Abogado y militar, creador de la bandera argentina. Nació en Buenos Aires en 1770 y murió en la misma ciudad, un 20 de junio de 1820.
Luego de recibir una esmerada educación en el Real Colegio San Carlos, partió a España para estudiar Derecho. Estando en la Madre Patria, se produjo la Revolución Francesa y el joven Belgrano adhirió a los ideales de la misma.
En su vuelta a América fue nombrado Secretario del Consulado de Buenos Aires y desde allí impulsó la promoción de la industria colonial, la mejora de la producción agrícolo-ganadera, y del comercio.
Su espíritu innovador y progresista lo animó a fundar las Academias de Geometría y de Diseño, y la de Comercio; también una Escuela de Náutica. Publicó la obra Principios de la Ciencia Económica-política, y colaboró periodísticamente con el Telégrafo Mercantil (1801 y 1802).
Hacia 1808, los sucesos ocurridos en España con la prisión del Fernando VII, alentaron a Manuel Belgrano, junto a otros jóvenes porteños, a buscar la oportunidad propicia para iniciar el camino que nos diera la independencia de la metrópoli. Es así, que llegado el momento oportuno, se convirtió en un activo miembro del clan revolucionario que el 25 de mayo de 1810 erigió el Primer Gobierno Patrio, en el que Belgrano actuó como vocal. 
Si bien no tenía conocimientos militares, su patriotismo desinteresado lo llevó a aceptar el mando de los ejércitos que propagarían la Revolución de Mayo. Es así que dirigió los ejércitos en el Paraguay, la Banda Oriental y el Alto Perú.
En 1812, estando en la ciudad de Rosario, enarboló por primera vez la Bandera argentina con los colores de la escarapela: blanco y azul celeste, que él mismo había creado. Este pabellón que nació inicialmente como distintivo de su ejército, luego se transformó en un símbolo de la independencia.
Tras sus derrotas militares en el Alto Perú, es nombrado al frente del Ejército del Norte el general José de San Martín; sin embargo allí no terminarían sus servicios a la Patria, pues se embarcó hacia Europa en misión diplomática.
De regreso al país en 1816, viajó a San Miguel de Tucumán para participar en el Congreso que allí tendría lugar. Aunque no participó como diputado, su actuación fue decisiva para la inmediata declaración de la independencia de nuestro país.    
El prócer, aunque aquejado por una grave enfermedad que padecía desde años atrás, nunca dejó de trabajar honrada y desinteresadamente por su patria. Los salarios que el gobierno le adeudaba fueron legados por él para la construcción de escuelas en Salta y Tucumán.
Murió en Buenos Aires en la total pobreza. Un solo diario en la ciudad registró su deceso.
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