desde 1852 hasta 1899
pronunciamiento jordanista
 
 

A comienzos de ese año se gesta en Entre Ríos una revolución contra Urquiza, cuyo prestigio se encuentra gravemente deteriorado. La encabeza Ricardo López Jordán, hombre de gran predicamento local, sobrino de Francisco Ramírez y que ha combatido con bravura en Pavón. Como primera acción de su pronunciamiento, envía una partida al palacio San José –casco de la estancia de Urquiza– para que prenda a don Justo José. Está al mando del coronel Luengo quien, aparentemente, es desbordado por los sucesos. Urquiza, en efecto, al advertir la llegada de los jinetes, se procura un fusil y hace fuego contra ellos, recibiendo un tiro en la cara. Alguien, quizá un capitán álvarez o un tal Nicomedes Coronel, lo remata de una puñalada en presencia de su mujer e hijas (11 de abril de 1869). Pese a que la noticia de este hecho causa consternación, López Jordán es elegido gobernador por la legislatura entrerriana.


Sarmiento despacha tropas contra Entre Ríos, iniciándose una lucha prolongada entre los regimientos de línea, que procuran darle fin mediante batallas formales, y las fuerzas jordanistas, que practican la clásica guerra de hostigamiento, propia de las montoneras. López Jordán intenta invadir Corrientes. Arredondo, que manda las fuerzas nacionales, envía armas y soldados al gobernador correntino y López Jordán es derrotado completamente en ñaembé, el 26 de enero de 1871. También en esta batalla participa José Hernández, que se bate del lado jordanista.


En mayo de 1873, López Jordán vuelve a invadir Entre Ríos. Refugiado en Brasil después de ñaembé, cruza el río Uruguay con una pequeña fuerza, que pronto se acrecienta con el afluir de voluntarios. Las acciones se desarrollan de manera parecida a la de aquellas que antes tuvieran lugar entre los mismos adversarios. El ejército de la Nación, sin embargo, cuenta ahora con mejor armamento. Pues Sarmiento lo ha dotado con fusiles Remington, ametralladoras francesas y cañones Krupp.


La lentitud de las operaciones impacienta al presidente, el cual se comporta de manera muy acorde con su carácter. Pues resuelve llevar las flamantes ametralladoras al teatro de los hechos, en el vapor “Emiliaâ€. Ansioso por verificar el comportamiento de esas armas, hace detener el buque en Rosario, ordena desembarcar algunas de ellas y se da el gusto de probarlas personalmente, abriendo fuego contra el edificio en construcción del Colegio Nacional, al que acribilla jubiloso.


Finalmente, el 8 de diciembre del 73, la vanguardia jordanista es vencida en El Talita y, al día siguiente, el general Martín de Gainza derrota al propio López Jordán, en Don Gonzalo.







Aunque concluida, la Guerra del Paraguay será causa de una nueva epidemia, tanto o más grave que la de cólera del 67, esta vez de fiebre amarilla. Causa aproximadamente 16.000 muertes y, en la lucha contra ella, cae el eminente médico y paleontólogo Francisco Javier Muñiz.




Otra consecuencia de la guerra son los tironeos entre la Argentina y Brasil, que persiste en su afán de expansión territorial a expensas del vencido y en su propósito de manejar las cosas en Asunción. A raíz de ello, el canciller argentino Varela enuncia un principio que alcanzará notoriedad, pese a resultar un tanto utópico: “la victoria no da derechos”.