desde 1800 hasta 1851
batalla de Caseros
 
 
Las fuerzas con que cuenta el entrerriano y que serán conocidas como “Ejército Grande” (un “Ejército Chico” queda de reserva en el Uruguay), comprenden al Ejército de Operaciones, armado por la Confederación para enfrentar al Brasil; una división correntina; otra oriental y un ejército brasileño. Son 16.000 jinetes, 9.000 infantes, 1.000 artilleros y 2.000 auxiliares, provistos de 45 cañones y una batería de cohetes Congreve, apoyados por la escuadra imperial.

Rosas prepara la defensa en Santos Lugares y, para ello, reúne las milicias del centro y del sur, los cuerpos policiales porteños, los efectivos de su regimiento escolta y los de aquellas guarniciones destacadas en los fortines de frontera, incluyendo 60 cañones. Son aproximadamente 12.000 jinetes y 10.000 infantes, bajo las órdenes del general Pacheco.

En su avance, el Ejército Grande sufre algunas deserciones. El 10 de enero de 1852, se subleva en Espinillo el regimiento que manda el coronel Aquino. éste es muerto y los sublevados marchan a Santos Lugares, para unirse con Rosas. En cambio, las autoridades de Santa Fe, Rosario y San Nicolás se pliegan a Urquiza, al ser alcanzadas esas ciudades por la cabeza de sus fuerzas.

La flota brasilera desembarca dos cuerpos expedicionarios, uno cerca del Tigre y el otro en las proximidades de Ensenada.

El 2 de febrero de 1852, los aliados atraviesan el Puente de Márquez. Rosas ha asumido personalmente el mando de sus tropas, imputando a Pacheco imprimirles poca movilidad. A las 9 de la mañana del 3 se da la batalla, en las cercanías del palomar de Caseros. Los enfrentamientos duran tres horas. Chilavert, que combate a las órdenes de Rosas, contiene a los brasileros con sus cañones, mientras dispone de munición. La caballería entrerriana vence a la que comanda el general Hilario Lagos. Urquiza ordena concentrar sus fuerzas y pone en retirada a las del general Díaz. Rosas es herido de bala en una mano. Hacia el mediodía concluyen las acciones, quedando Urquiza dueño del campo.

Rosas renuncia y se asila en la legación inglesa. De noche, aborda el buque británico “Locust”.

Una sangrienta represión tiene lugar, desde el momento en que queda resuelta la batalla de Caseros. Martín Santa Coloma, uno de los jefes de la Mazorca, es degollado en Santos Lugares. Fusilan a Chilavert por la espalda, cumpliendo una orden personal de Urquiza. Los sublevados de Espinillo son ahorcados en los árboles próximos a San Benito de Palermo, donde se aposenta el jefe entrerriano.

El 20 de febrero, aniversario del triunfo argentino en Ituzaingó, las tropas brasileras participan en el desfile de la victoria, que se realiza por la calle Perú (actual Florida), encabezado por Urquiza, quien viste poncho blanco y lleva galera de felpa: al lado suyo trota su perro “Purvis”.







En cuanto a Rosas, se instalará en una chacra que compra cerca de Southampton. Realiza allí tareas rurales en pequeña escala y sigue andando a caballo. Está pobre y algunos amigos deben socorrerlo económicamente. Incluso Urquiza le mandará auxilios, pasado el tiempo. Muere viejo, días antes de cumplir 84 años, el 14 de marzo de 1877.



El general San Martín dictó su testamento en París, el 23 de enero de 1844. En una de sus cláusulas, dicho testamento establece: “el sable que me ha acompañado en toda la guerra de la independencia de América del Sur, le será entregado al Exmo. señor general de la República Argentina don Juan Manuel de Rosas, como prueba de la satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que tratan de humillarla”.