desde 1900 hasta 1992
caida de Frondizi
 
 

El 18 de marzo de 1962 deben realizarse elecciones para renovar gobernadores y la mitad de los diputados nacionales. Pese a la oposición “gorila”, el presidente permite que concurran a ellas los peronistas, que triunfan en cuatro provincias, incluida la de Buenos Aires, donde se impone el dirigente gremial Andrés Framini. En otras cuatro, alcanzan la victoria fórmulas “neoperonistas”. El síndrome antiperonista nuevamente hace presa de las cúpulas militares. Esa misma noche, los secretarios de las Fuerzas Armadas exigen a Frondizi la intervención de aquellas cuatro provincias en que ha ganado el peronismo y de una donde lo ha hecho el neoperonismo. El presidente cede y dispone las intervenciones. Su gobierno queda herido de muerte, irremisiblemente dañada la legalidad que lo sustenta.


Acosado por todos los flancos, Frondizi pide a Aramburu que actúe como mediador ante los cuadros, sobreexcitados. Aramburu, luego de cumplir algunas diligencias sin mayor convicción, se suma a los que reclaman el alejamiento de su comitente. El 28 de marzo, los tres comandantes en jefe le exigen la renuncia. Frondizi se niega a presentarla: “no renunciaré ni me suicidaré”, dice. A las cuatro y media de la mañana es depuesto. Un avión lo llevará detenido a Martín García.


En su ofuscamiento, los militares no han previsto siquiera quién reemplazará al presidente que han derrocado, ni cuál será el procedimiento para designar al sucesor. Se supone que asumirá el general Raúl Poggi, comandante en jefe de Ejército, y algunos aseguran que llegó a jurar efectivamente. No hay vicepresidente, pues el que acompañara a Frondizi, Alejandro Gómez, ha renunciado tiempo atrás por sospechar aquél que podría ser utilizado para sustituirlo, dándole cierta apariencia legal a un golpe de Estado. José María Guido, senador de la UCRI por Río Negro, se encuentra en ejercicio de la presidencia del Senado. Impulsado por Julio Oyhanarte y otros miembros de su partido –el oficialista hasta horas antes–, Guido se presenta a la Corte Suprema y presta juramento como presidente de la República. Los militares quedan perplejos pero, a falta de otra solución, optan por aceptar el hecho consumado, a título experimental y resueltos a cercar estrechamente al “módico doctor Guido”, como lo llamará Azul y Blanco.