De los orígenes toponímicos de símbolos e instituciones en la historia de Santa Fe
Orígen del topónimo Cayastá y su migración geográfica
 
 
(Cayastá Viejo - Cayastá Chico - Cayastá Nuevo - Cayastá)
 
Trabajo de divulgación histórico-cultural basado
en dos investigaciones de  
Augusto Fernández Díaz y Agustín Zapata Gollán
 
Es un error que dio lugar a más de una polémica confundir Cayastá con Santa Fe la vieja, creer que la denominación Cayastá ya existía en la vecindad de la ciudad que fundara Juan de Garay el 15 de noviembre de 1573. El topónimo Cayastá aparece en ese lugar recién a fines del S. XVIII, aunque el vocablo ya tenía existencia a en el S. XVII, denominando primero un paraje, una estancia y su encomienda indígena, y luego una reducción, treinta leguas al norte de Santa Fe en la zona de los Saladillos en las cercanías del actual San Martín Norte.
En el presente trabajo pretendemos esclarecer y divulgar el origen de ese topónimo y su migración geográfica a través del tiempo. El mismo se basa fundamentalmente en el análisis de algunos documentos y en la bibliografía antropológica, etnológica e histórica, en especial de A. Rex González, Mons. Pablo Cabrera, Agustín Zapata Gollán y Augusto Fernández Díaz.
Sabemos que en Sudamérica, la nación más organizada y evolucionada que existió entre los indígenas fue la de los incas. El dominio incaico se extendió hasta el noroeste argentino, y “...si bien parece no haber durado algo más de medio siglo, dejó una impronta indeleble en el aspecto material y en las culturas indígenas de esta región, de la cual se extendieron principalmente por valles y quebradas, llegando hasta Mendoza y sur de Chile. Se fija el año 1480, más o menos, como el de la llegada de los incas al noroeste argentino”.
Ese noroeste que recibió fuerte influencia del imperio incaico, abarcaba los territorios de Salta, Jujuy, Catamarca, Tucumán y noroeste de Santiago del Estero y estaba habitado por varias parcialidades indígenas.
En la época de la conquista hispana, nos interesa destacar, por lo que hace a la esencia de este trabajo, que provenientes del Chaco, aparecieron como invasores los Lules. Esta “nación” se caracterizó por ser “alárabe”, es decir: nómade, y además sumamente belicosa y devastadora. Aunque no se puede universalizar esta forma cultural de acción de los lules, pues un destacado misionero jesuita, el Padre Techo distinguió dos clases de lules: los sedentarios agricultores o chacareros, que eran pacíficos y tuvieron su hábitat en Tucumán, y los nómades.
Otro aspecto que caracterizaba a los lules, eran sus ceremonias rituales realizadas frente a grandes palos o postes, donde dibujaban figuras de animales en vivos colores, especies de tótem o ídolos.
Estas culturas del noroeste influyeron sin dudas, en regiones del Litoral fluvial. Tenemos muchos elementos lingüísticos y arqueológicos -que como nos dice A. Rex González- “... aparecen en el litoral, como por ejemplo las puntas de huesos chatas y de base en cola de golondrina, o las llamadas “campanas” de alfarería, proceden del noroeste argentino. Faltan aún estudios arqueológicos, pero es muy probable que estas influencias llegaron al litoral siguiendo el curso de los ríos, como el Salado, que nace en el corazón del Noroeste con afluentes en el borde de la Puna...”.3 
El tema que abordamos sobre el origen del topónimo Cayastá, ha tenido dos investigadores en especial, que discrepan en cuanto a la parcialidad de origen, o por lo menos en la denominación de las tribus; no así en cuanto a que el río Salado ha sido la vía de migración de indígenas del noroeste y consecuentemente de aspectos de sus culturas hasta el territorio santafesino y margen derecha del Paraná, durante los siglos XVI y XVII. Los dos estudiosos a que me refiero fueron el Dr. Agustín Zapata Gollán (de Santa Fe) y el Ing. Augusto Fernández Díaz (de Rosario).
La cuestión de la influencia de la cultura  indígena del noroeste en la zona santafesina del río Salado, que se plantea en este trabajo, es con referencia al topónimo “Cayastá”.
El vocablo Cayastá aparece por vez primera en un documento antiguo que data de 1607 -citado por ambos historiadores-  en que el estanciero y encomendero Alonso de San Miguel dicta su testamento a su hija María, donde nos revela de su encomienda de indios “caiastas”, referencia que años después completa su hija María, en situación semejante de otorgar testamento.  5 
Fernández Díaz se guía en sus investigaciones por noticias que obtiene de un destacado misionero e investigador jesuita, el P. Sánchez Labrador. “Nos habla este eminente misionero de los “collastas o Caiastas”, cuya morada había sido el río Salado, veinte leguas al norte de Santa Fe”.6  Tal distancia nos lleva al río Salado, en las inmediaciones de la desembocadura del arroyo San Antonio, sitio próximo a la actual ciudad de San Justo. Esa región es conocida con el nombre de “Los Idolos”, tierra que los jesuitas compraron en el año 1635 creando la Estancia de San Antonio (frente al lugar conocido como Rincón del Quebracho). En cuanto a la referencia geográfica de “Los Idolos” (más hacia el noroeste de “Los Idolos” se encontraba el paraje conocido como “Monigotes”, denominación que aun hoy subsiste), Fernández Díaz nos dice, siguiendo las investigaciones del Padre Sánchez Labrador, que dichos nombres marcarían el límite del avance del imperio incaico, y los “collastas” serían los “collas” que lo alcanzaron, de los cuales descenderían los “collastas”, “caiastas” o “cayastás”, que alrededor de 1590, Alonso de San Miguel condujo 7 leguas hacia el noreste, hasta las cercanías de un pequeño arroyo que diosele primero el nombre de San Miguel; allí se asentó don Alonso y su encomienda de “callastas”.
Respecto a este traslado y asentamiento del citado encomendero, desde la zona de “Los Idolos”, queda probado, por la existencia de documentos notariales y privados de la época, y además por el hecho de que el Cabildo de Santa Fe, ante los excesos de las vaquerías y para salvar el derecho de los primeros pobladores, ordenó en 1619, se presentaran nóminas de estancias y época de población. En dicha nómina aparece Alonso de San Miguel, con una presencia “desde hace treinta años” 7, lo que nos lleva a la fecha de 1590, mas o menos, año en que la investigación de Fernández Díaz, nos lo da a San Miguel como trasladando a sus “collastas” al paraje ya señalado.
Por las cartas de última voluntad de Alonso de San Miguel de 1607 y de su hija María de 1635. Fernández Díaz llega a establecer aproximadamente la zona o paraje de la estancia o encomienda, en la vecindad de este pequeño arroyo, que como dijimos inicialmente recibió el nombre de San Miguel, arroyo cuyo curso corre de N.O. a S.E. y que desemboca en la orilla derecha del Saladillo Amargo.
El asiento establecido por Alonso de San Miguel y el arroyo que pasaba por el mismo, terminaron por ser identificados con el nombre de los indígenas que él había reducido, los “caiastas” o “cayastas” como los llamara en su testamento. Este asiento y reducción que constituye el primigenio Cayastá estaba ubicado al Norte de Santa Fe la Vieja , en la región oeste de los Saladillos, en la proximidad sur de la actual Colonia Dolores y pueblo y colonia de San Martín Norte, donde aún se conserva el nombre de Cayastá en el pequeño arroyo, que naciendo en este distrito rural, al que recorre, desemboca en la margen derecha del Saladillo Amargo.
Para Fernández Díaz, el topónimo “Cayastá”, teniendo en cuenta las vía de penetración humano - cultural que debió ser el río Salado, parece estar dilucidada por el padre J. Sánchez Labrador. Este eminente misionero de la Compañía de Jesús, al explicar el origen de la voz, dice que deriva de la transformación fonética de “KOLLASTA”: kollasta puede ser la aglutinación de “kolla” y “astay” que denota mudanza, de donde Cayastá sería “pueblo colla que se muda”. Kolla era uno de los pueblos aymaráes, con dialecto propio, dominado por los incas.8 
Entonces tanto para Sánchez Labrador como para Fernández Díaz, la voz “Cayastá” es la resultante de la voz indígena “collasta” o “callastá” que con el tiempo se transforma fonéticamente en “caiastá” y finalmente en “Cayastá”. Geográficamente indica inicialmente la reducción de Alonso de San Miguel y el arroyo que corre por el actual distrito rural de San Martín Norte. Pero este topónimo no queda en este lugar solamente, sino que migrará para designar otros puntos geográficos en la provincia como veremos.
El Dr. Agustín Zapata Gollán por su parte, al estudiar este tema en un breve trabajo titulado “Cayastá”: un topónimo santafesino”, manifiesta que le han dado muchas interpretaciones, señalando “que las etimologías de los topónimos del Litoral se han interpretado como de origen quechua o como de origen guaraní”, con lo que no está de acuerdo porque existían en el Litoral a la llegada de los españoles, otras parcialidades indígenas que no hablaban precisamente ni quechua ni guaraní.9 
Llama la atención Zapata Gollán , sobre los nombres existentes en el Salado, que ya hemos destacado, tales como “Los Idolos” y “Monigotes”, para agregar: “Por otra parte, en esa vasta región que se extiende desde la margen derecha del Paraná hacia más allá de los Saladillos y del Salado, se conservan aún ciertos topónimos sugestivos: “Isletas de las Estacas”, “Isletas de los Palos Labrados”, “Monte de los Palos Negros”, etc. 10
¿De donde vino el llamar a esos lugares los palos labrados, los palos negros, o las estacas?.        
Con este planteo de referencias a esos supuestos “Totems” o “Idolos”, y la mención de los indios “chacareros como los del Tucumán”, el investigador santafesino quiere demostrar que todo ello responde a la presencia de los indios Lules, del grupo Lule - Vilelas, que siguiendo el curso del Salado penetraron en el actual territorio santafesino hasta la margen derecha del Paraná. 11
Definiendo más su posición, Zapata Gollán agrega: “No es aventurado suponer que tales indios “chacareros como los del Tucumán”, y por lo tanto del grupo Lule-Vilela, fueron los que dejaron este topónimo (Cayastá), que en su desplazamiento hacia el sur, (migración a la que luego nos referiremos), se ha hecho famoso con el descubrimiento de las ruinas de Santa Fe la Vieja”. 12
Para fortalecer su hipótesis sobre los Lules agricultores, en su desplazamiento desde el Tucumán al Litoral por el Salado, Zapata Gollán agrega: “... a lo largo de su marcha en los sitios donde se asentaban, plantaban una especie de postes totémicos pintados en blanco, negro o rojo, con trazos geométricos y elementos tomados de la flora. Allí se congregaban en ciertas noches, desde la entrada del sol hasta el amanecer, bebiendo chicha y bailando al compás de manojos de uñas de jabalíes a manera de sistros, en ceremonias rituales que eran, para los españoles, manifestaciones de un culto satánico, alrededor de sus ídolos”. 13
“Esos postes pintados con signos y trazos extraños que fueron ídolos para los españoles primero, y luego simples monigotes, palos labrados, estacas o palos negros en la toponimia criolla, marcaron el paso de las tribus del grupo Lule-Vilela, que dieron nombre a Cayastá”.... 14
Estos Lules, tenían su “hábitat” en Salta, Esteco y Tucumán, como ya lo hemos señalado al comienzo de este trabajo, unos eran sedentarios y otros nómades. Para Zapata Gollán, los indios que redujo Alonso de San Miguel eran Lules, sedentarios, agricultores, basándose para tal juicio en una cláusula del testamento cuando dice que eran “chacareros como los de el Tucumán”.
Concluye el Dr. Zapata Gollán su investigación sobre el topónimo Cayastá diciendo: “Por ahora, sólo podemos decir sin temor a equivocarnos, que Cayastá aunque con una fonética deformada a través de los años, es de origen Lule.
En cuanto a su significado, nos atrevemos a suponer que tiene alguna relación con los “ídolos” que hallan los primeros españoles”. 15
 
El Topónimo que migra
Hemos ubicado el origen geográfico de Cayastá, como así también expuesto las hipótesis de los historiadores Zapata Gollán y Fernández Díaz sobre la etimología del topónimo Cayastá. Ahora nos queda por hablar de su migración geográfica a través del tiempo en el territorio santafesino.
En lo que respecta a esta “migración” del topónimo, los dos investigadores son coincidentes en líneas generales.
Para entrar en este tema es necesario hablar algo previamente acerca de los “Charrúas”. La “nación” Charrúa ocupaba el actual territorio de la Banda Oriental. Como dice Hebe Livi: “la abundancia del ganado cimarrón en la mesopotamia a fines del siglo XVII, incita la codicia del Charrúa , pasando de su tierra original, actual Uruguay, al sur de la mesopotamia”.16 Es así que a mediados del siglo XVIII, estos indígenas se mostraban peligrosamente belicosos y realizaban numerosas incursiones contra estancias y otros establecimientos de Entre Ríos; viéndose obligado el entonces Gobernador de Santa Fe, Don Francisco Antonio de Vera y Mujica, a realizar una profunda entrada militar en el Entre Ríos en el año 1750 tomando prisioneros 336 charrúas que fueron conducidos a Santa Fe. De ellos, a 81 familias, se decidió reducirlas al arroyo Cayastá, 30 leguas al norte de la ciudad o sea en la zona que había sido asiento de Alonso de San Miguel, donde serían adoctrinados y evangelizados por los padres franciscanos del convento de Santa Fe de la Vera Cruz.
Conforme a los que se deduce del acta que se levanta creando la Reducción, el 17 de setiembre de 1750, ésta debió establecerse algo retirada del Saladillo Amargo, es decir hacia el oeste, en la región del actual pueblo y colonia de San Martín Norte y de la actual Colonia Dolores. El texto dice: “Se eligió para la fundación , y situación de la referida reducción el presente lugar del arroyo Cayastá, 30 leguas de la ciudad de Santa Fe, a la parte norte, en donde se halló la comodidad de montes, campañas, pastos, y aguadas y demás necesarios....” 17
Fundada la reducción y conforme a las actas del Cabildo de Santa Fe, Hebe Livi señala: “que de acuerdo al informe del Teniente Gobernador Vera Y Mujica, el 9 de noviembre está construido el fuerte para soldados ...para el 22 ya está edificada la capilla” 18, teniendo como Patrona a Nuestra Señora de la Concepción, la que dio lugar al nombre de la Reducción: Nuestra Señora de la Concepción de Cayastá, dirigida inicialmente por los doctrineros franciscanos Fray Gabriel Cristaldo y Fray José López de Salazar, ambos del Convento franciscano de Santa Fe.
A buen seguro que las tierras ocupadas por los Charrúas en 1750, son las que fueron servidas por los indios Cayastá de la encomienda de San Miguel, a los que como vimos, Zapata Gollán los denomina “indios chacareros como los del Tucumán”, pero como bien señala Fernández Díaz, al nombre de “Cayastá”lo recogen los charrúas cuando llegan a ese paraje para establecerse”.19
Quien escribe este breve trabajo, entre los años 1972 y 1975 hizo, en compañía de su esposa y del joven estudiante Ricardo Fandiño, varios viajes procurando situar la ubicación que tuvo la reducción. Merced a algunos datos proporcionados por Fray Tomás Calvento o.f.m. en San Martín Norte u otros facilitados por el Sr. Mario Alet, propietario de un establecimiento rural con fondos sobre el arroyo Cayastá, pudo ubicar un lugar que por la vegetación arbórea, las especies de árboles y otras características mas, podría haber sido asiento de la Reducción. A pesar de la falta de hombres y elementos de trabajo, logramos realizar algunas excavaciones que revelaron, por los restos de vajilla doméstica encontrados (clavos, loza, vidrios herrajes, etc.), el haber existido vida humana civilizada. En el Museo que los Padres Franciscanos supieron tener junto a la parroquia de San Martín Norte, se nos mostró interesantes objetos obtenidos en dicha zona.
Pero, porqué desapareció totalmente la Reducción de Nuestra Señora de la Concepción de Cayastá?. Los Charrúas capturados durante la campaña de 1750, no mucho tiempo después de establecerse, se manifestaron descontentos con las condiciones generales del nuevo asiento, especialmente por los frecuentes ataques de las tribus belicosas de abipones y mocovíes, expresando deseos de abandonarla. Es así que en el acta de la sesión del Cabildo de Santa Fe del 4 de abril de 1758, consta que el R.P. Fray Roque González “ha elevado un memorial al Sr. Gobernador solicitando que se mude la población de charrúas, con título de Cayastá...”
El gobierno y el Ayuntamiento de Santa Fe, consideraron que no se los debía trasladar hacia las márgenes del Paraná, pues temían la huida de los charrúas a Entre Ríos, autorizándose finalmente el traslado hacia el río Salado. Como dirá Fernández Díaz: “Se mudan, pero no abandonan el nombre del lugar; lo llevan consigo, para recibirlo en forma indeleble las nuevas tierras que van a ocupar”.20
Por la exhaustiva investigación que hace el destacado investigador rosarino en las actas del Cabildo de Santa Fe, en el Archivo Provincial y en el Archivo General de la Nación, sabemos que en 1783, siendo Tte. de Gobernador Melchor de Echagúe y Andía, se produce la mudanza del nuevo asentamiento, al sur de Concepción de Cayastá, ubicándoselo entre los cursos de agua del río Salado y el Saladillo Amargo, a la altura de la actual colonia de Cayastacito y a orillas del arroyo Naré.
Cayastá ha migrado geográficamente. Allá en el norte primigenio queda un paraje, un arroyo y un nombre; Cayastá, al que en adelante se le agregará el calificativo de: “Viejo”.
La reducción notablemente disminuida, se constituye en su segundo emplazamiento: CAYASTÁ CHICO, origen del nombre del actual pueblo y colonia de Cayastacito.     
Hacia 1794, siendo el Padre Leal o.f.m. el cura doctrinero, por razones geo-económicas negativas, por la situación anómala creada por la Administración de Indios, etc., deciden las autoridades santafesinas el traslado de la reducción a la costa del río San Javier. En el mapa del Gobernador Gastañaduy del año 1795 aparece, por primera vez, sobre la margen del río San Javier el nombre de Cayastá acompañado del calificativo “Nuevo”.
Así tenemos el fin del ciclo migratorio de este topónimo que adquirió relevancia y fama porque en su vecindad se descubrieron las ruinas de Santa Fe la Vieja, la cual, fundada en 1573, es anterior a Cayastá de la que recién tenemos noticias como paraje y asiento indígena vinculado a Alonso de San Miguel a comienzos del siglo XVII en la zona de los Saladillo. Por lo tanto, reiteramos debe evitarse de caer en el error de decir que Santa Fe fue fundada en Cayastá.
En ‘CAYASTÁ NUEVO’, los charrúas habían quedado reducidos a muy pocas familias, la repoblación que se comienza en 1794 se realiza con otros indígenas, en especial Mocovíes.
La reducción de “Cayastá Nuevo” terminará prácticamente por desaparecer. Hacia 1840 sólo quedaba de la vieja reducción un escuálido caserío de ranchos y algunos toldos. La Dra. Livi sostiene: “...que desaparece el poblado en 1810, junto con el de Mocovíes de Inspin”.21
La actual localidad de Cayastá tiene origen en el decreto del gobierno de la Provincia del 16 de febrero de 1865, que autoriza la traza de un pueblo a la margen del río San Javier, en el paraje denominado Cayastá... La Legislatura dicto la ley del 4/9/1966 declarando de utilidad pública y sujeto a expropiación las tierras necesarias y el P.E. dio el decreto definitivo el 28/5/1867.
Resumiendo, del “Cayastá viejo”, sólo queda el pequeño arroyo designado con el topónimo y que desemboca en el Saladillo Amargo: “Cayastá Chico”se ha prolongado históricamente en la localidad y colonia de Cayastacito; y “Cayastá Nuevo”, que terminó por desaparecer para ser suplantado desde 1867 por Cayastá a secas, nombre de la actual localidad, y cuya trascendencia se debe a la fama adquirida por su vecindad con las ruinas de la ciudad fundada por Juan de Garay, Santa Fe la Vieja, en 1573.
 
 
Reproducciòn del Plano General de la Migracionrealizado
por el Ingeniero Augusto Fernández Díaz