Grupos Políticos en la Revolución de Mayo
Caracterización de los grupos
 
 

Su origen ya los define:


El grupo de Alzaga defiende el Río de la Plata de la invasión extranjera como parte del territorio español, pretende conservar estos dominios para España, o al menos para los españoles europeos. Es el grupo auténticamente conservador, en el estricto sentido de la palabra. En 1808, adoptará idéntica actitud ante la posibilidad de una invasión francesa.


Este grupo está integrado principalmente por españoles europeos, y son sus dirigentes: Juan Antonio de Santa Coloma, comandante de vizcaínos; Francisco de Neyra y Arellano, comandante de gallegos; Olaguer Reynals, comandante de catalanes; Ignacio de Rezaval y Agote, segundo comandante de vizcaínos; Jacobo Várela, sargento mayor de gallegos y Esteban Villanueva. Entre sus seguidores se encuentran Juan Larrea, capitán de catalanes y Domingo Matheu, teniente primero del mismo cuerpo, que luego formarán parte de la Junta del 25 de Mayo. En su mayoría son comerciantes, que integran a la vez el Cabildo y el Consulado o están íntimamente vinculados a los intereses de la plaza. Con ellos también se alinearon algunos americanos, como Mariano Moreno y Julián de Leyva.


Fue reconocida esta facción con el nombre de “partido del Cabildo”, como lo denomina Juan Manuel Beruti en sus Memorias Curiosas por cuanto sus miembros dominaban esa institución; o “partido republicano'', como lo llama José Presas por su oposición a la monarquía; o “partido de las Juntas”, como lo distingue Enrique de Gandía por su adhesión a este sistema; o “partido de los Morenos'', según reza un manuscrito de la época, probablemente porque el movimiento de 1809 por él propiciado, contó con el concurso entusiasta de los negros y mulatos, como lo recuerda Matheu en sus memorias; o también “partido independiente”, como figura en una memoria enviada desde Buenos Aires a Lord Strangford.


En cuanto al grupo de Castelli, pretende aprovechar las invasiones inglesas, llegando a un entendimiento con los jefes británicos, principalmente con Beresford, para lograr la independencia. Fracasado este intento, lo veremos actuar siempre en búsqueda de una solución extranjera, hasta coincidir, por necesidad, con la solución nacional de Saavedra.


Es el grupo que llamaremos reformista innovador 4, en el cual han prendido, en alguna medida, los ideales de los filósofos ilustrados franceses, a través de la corriente liberal española.


Está orientado además por Manuel Belgrano, Nicolás Rodríguez Peña, Hipólito Vieytes y Antonio Luis Beruti. En un principio incluía a Saturnino Rodríguez Peña y Manuel Aniceto Padilla. Más adelante se agregarán al núcleo dirigente Agustín Donado, Juan José y Francisco Paso y Domingo French.


Como expresa Zorraquín Becú: “...son generalmente universitarios —abogados, médicos, escritores y también sacerdotes— imbuidos del ideario de la Ilustración. No se confunden con los sectores más elevados, pues muchos de ellos carecen de arraigo en la población y no pertenecen a las familias tradicionales; y como tampoco son militares sino excepcionalmente, constituyen una fuerza distinta que va a destacarse por su cultura y por la difusión de un pensamiento modernista e innovador, en medio de aquella sociedad que hasta entonces carecía de preocupaciones intelectuales”5.


Refiriéndose al mismo tema, aunque en su dimensión hispanoamericana, el distinguido historiador español Jaime Delgado, apunta la siguiente observación:


''Tal grupo está constituido por los hombres de ideología afrancesada, liberal en lo político y librecambista desde el punto de vista económico, y que pueden parangonarse con los afrancesados de Cádiz, es decir, con aquellos que, rechazado el dominio francés y el cambio de dinastía, fueron ideológicamente afrancesados y defendieron el liberalismo político”6.


Se lo conoció a este grupo como “partido carlotíno” o “de la Carlota”, por su adhesión a la princesa del Brasil; y también como “partido mirandista”, como lo llama Federico Ibarguren, por su vinculación con el famoso conspirador venezolano.


Por último, el grupo de Saavedra se origina en el rechazo de las invasiones inglesas por defensa del terruño, del suelo natal, por eso se le llamó “partido de la Reconquista”, o “partido de los Patricios”, como lo denomina Cisneros por ser éstos sus conductores; o “partido de Liniers”, según Vicente Fidel López, por su apoyo inicial al héroe de la Reconquista. Sus adversarios lo llamaron “partido francés” por las vinculaciones atribuidas a Liniers con los napoleonistas.


Es el grupo reformista renovador. Al decir de Jaime Delgado, “...basados en las doctrinas jurídico-políticas tradicionales, pretenden implantar reformas moderadas y razonables”7.


Estuvo dirigido este grupo por los oficiales de los cuerpos de milicias en su mayoría americanos: Martín Rodríguez, sargento mayor y luego comandante del regimiento de Húsares del Rey es el brazo derecho de Saavedra; Juan José Viamonte, sargento mayor del cuerpo de Patricios; Francisco Antonio Ortiz de Ocampo, comandante de Arribeños; Pedro Andrés García, europeo, comandante del regimiento de cántabros montañeses; Juan Florencio Terrada, comandante de los Granaderos de Fernando VII, también llamados granaderos de Liniers; Juan Ramón Balcarce, sargento mayor de húsares. Y también por algunos letrados, como Feliciano Antonio Chiclana y Joaquín Campana, que eventualmente actuaron como jefes de milicias; y varios sacerdotes, como fray Manuel Albariño y fray Manuel Escurra, después nombrados capellanes para la Expedición al interior; los mercedarios fray Juan Manuel Aparicio y fray Hilario Torres que suscribieron la llamada ''petición del pueblo'', y fray Ignacio Grela, dominico de notoria acción revolucionaria.


Según escribe Zorraquín Becú: “Los batallones criollos [mayoría evidente en este partido] estaban compuestos por jóvenes de todas las clases sociales, reunidos por un común sentimiento patriótico que los impulsaba a defender su tierra de los enemigos exteriores. Sus jefes, elegidos por ellos mismos, pertenecían también según sus respectivas categorías a todos los sectores de la población, pero principalmente a los más elevados. Sin embargo, la vida en común fue creando entre todos ellos una especie de “conciencia de clase” que los apartó progresivamente de su pertenencia a las demás”8.


La ideología de este grupo, probablemente se haya expresado con mayor exactitud en la carta que Saavedra le dirigió a Chiclana el 11 de febrero de 1811: “...tal vez llegará el caso no de que nos rindamos, sino que esta [ciudad de Buenos Aires], sea dada a las llamas y desaparezca de la faz de la Tierra. Sí, primero sucederá esto que variar de sistema, ni dar un paso retrógrado en nuestra causa; primero seremos víctimas del cuchillo que entregarnos a nuestros antiguos opresores y, finalmente, primero nos mataremos unos a otros que reconocer a Elío, a la Carlota, ni a ningún otro amo que a nosotros mismos”9.


Veamos ahora la actuación de estos tres grupos políticos en la génesis de la Revolución de Mayo. Cada uno de ellos buscó su oportunidad, tratando de capitalizar el movimiento en su exclusivo provecho; pero sucesivos fracasos, condujeron a los dos grupos americanos, luego de eliminado el europeo, a una acción conjunta en la semana de Mayo de 1810. Esta fue la quinta oportunidad y la decisiva. “El triunfo revolucionario —dice Zorraquín Becú— se debió al acuerdo de ambos grupos de la sociedad bonaerense, los cuales manejaban a los dos factores principales de los cambios históricos: la opinión pública y la fuerza armada10.