Juan Felipe Ibarra y el federalismo del Norte
Prefacio
 
 

Terruño, libro de Dios, abierto.


RICARDO ROJAS



En esta obra nos proponemos interpretar el desarrollo histórico del federalismo mediterráneo, dentro de una cosmovisión nacional del pasado argentino. La profunda renovación de los estudios históricos, en los últimos tiempos, ha colocado en su real dimensión, a los hechos, sucesos y hombres, que los textos clásicos desfiguraron con su miraje metropolista y sectario.


En otros trabajos, hemos expuesto a través de parecidas implicancias, algunas reflexiones que aquí se mantienen, sobre el simplismo dualista calificador de nuestras figuras históricas. Por eso mismo, no deberá verse en este desarrollo, la acción del “héroe” como individualidad, sino en función de intérprete y conductor de reclamos inescuchados. Es el papel jugado en cada etapa, por los jefes populares, sensibilizados con su tiempo y con su suelo y que las oligarquías urbanas no supieron entender. Nuestra tierra y nuestro pueblo, son los protagonistas de esta historia, postulando la fundación republicana desde las regiones del interior que mejor encarnaban el espíritu del país.


La acción política y humana del Brigadier General Juan Felipe Ibarra, que aquí se analiza, ha pasado un tanto desapercibida hasta ahora, así para la seducción como para el denuesto. El mal crónico de nuestra historia, girando alrededor del eje portuario, hizo olvidar los esfuerzos suyos y de su tierra, pese a ser la matriz generosa de las fundaciones geográficas, culturales y políticas del país actual. Esta es la cronología de esos potenciales nativos.


La interpretación que exponemos, está concatenada a un cuerpo de ideas y a una teleología de los intereses nacionales. No pretendemos suficiencias descubridoras, sino renovar el conocimiento de viejos hechos, dentro de un pensamiento gentilicio. La mayoría de las citas transcriptas, se encuentran al alcance de todo lector, en obras históricas de fácil acceso y divulgación. Las afirmaciones y reproducciones que se vierten, están respaldadas por documentos y autores insospechados, y en su mayoría provienen de la misma historia clásica, aunque se difiera en sus conclusiones.


Como complemento de nuestra interpretación, podrán apreciarse nuevos documentos, que tienen la virtud de ser inéditos. Fueron producto de investigaciones realizadas en Archivos oficiales, y a más de las citas, agrégase íntegramente su transcripción en el Apéndice, mencionando su procedencia en cada caso.


Se ha buscado hilvanar el texto cuidando las formas literarias, y evitar la monotonía de largas reproducciones, propias de las obras especializadas. El destinatario de este empeño, es nuestro pueblo, en cuya conciencia se ha hecho imprescindible la necesidad de una historia verdadera y rectificada de sofismas. Por eso, salvo alguna mención aislada, en todos los documentos históricos citados, se ha seguido la ortografía moderna. No pensamos que la exactitud “científica” se resienta o aumente, en relación directa con la gramática. La lectura histórica debe ser tan viva, como lo fue en el momento de escribírsela. Hemos conservado la redacción original, aunque entendiendo que no cabe aferrarse tanto a la morfología, como al espíritu documental, sin alterar la exactitud de la transcripción. Y en nada pierde autenticidad un documento del pasado, cuando se lo despoja de sus abstrusas abreviaturas, al reproducirlo con lenguaje y ortografía moderna.


Pretendemos situar desde sus fuentes, el verdadero desarrollo del federalismo. La República es el resultado de aquellos Caudillos que reivindicaron al pueblo, mientras los doctores de la ley foránea querían ver anárquica barbarie. Ojalá ese pasado sirva de inspiración a nuestro tiempo, y no nos haga olvidar el precepto del Salmista: “Enséñanos pues, a contar nuestros días para que lleguemos a tener un corazón sabio”. (Salmos, 90-12).


L. C. A. L.