Estanislao López y el federalismo del litoral
Los caudillos
 
 

Esos caudillos primitivos, infundieron en el pueblo inculto, abandonado por los gobiernos coloniales, los principios de libertad escritos por los autores de la revolución en el silencio de los gabinetes. Ellos dieron al pueblo “el sentimiento y la conciencia” de la libertad. Por esos caudillos, víctimas de la pedantería farisaica, supieron los pueblos que la revolución se hacía para ellos y no para el círculo estrecho de los togados y de los aristócratas. Hoy eso de vilipendiar sistemáticamente a los caudillos de las primeras horas de la nacionalidad, en nombre del patriotismo, o para echarlas de hombre superior, es una puerilidad, solo disculpable a un mal estudiante de historia.


Tampoco hemos de oponer como fenómenos diversos y contrapuestos de la revolución, la guerra de independencia y las guerras civiles, dando a las primeras un carácter sagrado y a las guerras civiles un carácter funesto. Ricardo Rojas, escritor representativo y nacionalista por excelencia, explica con lógica perfecta el carácter integral de ambos fenómenos en su libro “La Argentinidad”, y al formular la aspiración federalista de las provincias como una aspiración a la verdad de la revolución, se expresa con estas palabras que no han de halagar mucho los oídos de ciertos fariseos del patriotismo: “El federalismo fue un hijo legítimo de Mayo en cuanto fue para cada pueblo una forma concreta de la emancipación y del gobierno propio; y realizada la independencia, él defendió los verdaderos ideales de la revolución Algo del régimen español, aristocrático, centralizador, autoritario y legista, resucitaba en la tendencia que se llamó unitaria. Los caudillos no pudieron olvidar más tarde que Rivadavia, Gómez y García, habían intentado implantar en nuestro país el régimen monárquico, como si el único fin de los pueblos que se sacrificaban por destronar a Fernando, hubiera sido llegar a prosternarse ante el trono de la princesa Carlota o el Príncipe de Luca, por ellos importados al Río de la Plata. Fracasados en sus quiméricos proyectos de monarquía, vistiéronse de unitarios convirtiendo sus casacas de cortesanos en aquellas solemnes levitas que obligaron en las provincias a alzar los ponchos por banderas. — (Ricardo Rojas: “La Argentinidad”.)


Decir que Artigas fue el “genio maléfico de la revolución”, es hacer una frase vacua que no tiene siquiera el mérito de la originalidad. Es un eco perdido de las diatribas de don Vicente Fidel López contra el caudillo federal. Afirmar que Estanislao López sólo fue un soldado de suerte, importa desconocer todo el proceso de su acción política, de una perfecta unidad de aspiración y de un desarrollo lógico y continuado en la historia.


Es como la gastada, expresión de: “Las turbas del año 20”. Hoy a eso se le llama por nuestros más modernos constitucionalistas: “El triunfo del federalismo republicano”.