La coalición internacional que derrocó a Rosas
Vicisitudes de los soldados alemanes
 
 
Las tropas germanas que llegaron a Río de Janeiro, desde junio a agosto de 1851, sufrieron las más notables aventuras y desventuras. Todo cuanto vivieron se encuentra referido en un interesante libro titulado: Mirada, retrospectiva de la guerra contra Rosas y del destino de las tropas alemanas al servicio del Brasil. Por un testigo ocular. Este libro, publicado en alemán gótico, lo encontramos en una biblioteca universitaria de los Estados Unidos y está escrito, sin duda, por algún oficial de las tropas mercenarias alemanas. Sospechamos que se trata del propio comandante von der Heyde. Traían un armamento tan poderoso —refiere el autor— como Sudamérica no había visto hasta entonces. Estos alemanes fueron aproximadamente 1.800 y habían sido reclutados en Hamburgo por Sebastión de Regó Barros. Cuando llegaron a Río de Janeiro comprobaron asombrados que se los había enganchado por 25 taleros, mientras que por un negro o un mulato libre los brasileños pagaban más de cien y no se conseguía en todo el país un esclavo fuerte por menos de 500 taleros 19.

Se produjeron luchas y recelos personales entre ellos y hasta un motín de sargentos, cabos y soldados contra sus superiores. Se enemistaron públicamente los jefes Lemmers y von der Heyde. Sufrieron hambres y privaciones. En la Mirada retrospectiva se encuentra esta referencia: “Un descubrimiento hacían de vez en cuando los soldados al hallar un huevo de avestruz (...) se encontraban también, al instalar las carpas, víboras grandes y hermosas, cuya piel lucía después de un tiempo colgada de un palo de la carpa y cuya carne, parecida a la de la anguila, era consumida por los soldados con mucho apetito y sin mayores consecuencias” 20. Estos alemanes, que habían arribado gallardos, con vistosos uniformes, poco a poco fueron vendiendo correajes y algunos, hasta las armas.

Rosas ensayó una tentativa para procurar la deserción de ellos en favor de la Argentina. Algunos enviados entraron en vinculación con oficiales alemanes, cuyo representante convino, en nombre de todos sus compañeros, pasarse a la Confederación. Se acordó, entonces, que al salir a practicar ejercicios militares los batallones alemanes aprovecharían para embarcarse con toda reserva hacia Buenos Aires. El cumplimiento de esta misión fue encomendada al mayor Antonino Reyes, quien a bordo de un vapor, acompañado por embarcaciones menores que se escondieron entre las islas, se dirigió hacia el punto concertado. En medio de la navegación apareció un desperfecto en el vapor principal que, de acuerdo con el testimonio de Reyes en sus Memorias, fue provocado adrede por alguien que colocó un perno dentro de la máquina. Con ese motivo la nave no pudo seguir navegando y se frustró el intento. Después fue imposible repetir la operación porque los acontecimientos se sucedieron vertiginosamente 21. Sin embargo, algunos alemanes desertaron con anterioridad a Caseros, y se trasladaron hacia Buenos Aires para ofrecer sus servicios a la Confederación y otros, después de la batalla, se quedaron en Buenos Aires. El batallón que regresó al Brasil fue disuelto y sus integrantes se diseminaron por diversos lugares del país. El testimonio que utilizamos consigna que de los 1.800 alemanes alistados en Hamburgo, sólo continuaron 300. Loa 1.500 restantes “se habían dispersado por todos los vientos” 22.