La coalición internacional que derrocó a Rosas
Análisis militar de las fuerzas argentinas
 
 
Debido a la tirantez existente en el área, la Confederación y Brasil se habían preocupado en adquirir equipo militar completo y moderno, pues la guerra se consideraba inevitable. Desde bastante tiempo atrás, Rosas había ordenado despachar a Urquiza la mayor cantidad de elementos bélicos de que haya constancia en los documentos históricos 49. Esos equipos, y también dinero, estaban destinados a la guerra contra el Paraguay que, en 1850, estuvo a punto de llegar a su paroxismo. Pero Urquiza aprovechó toda esa contribución para emplearlos contra Rosas 50.

El enviado francés acreditado en Montevideo comunicaba a París que el ejército de la Confederación estaba “abundantemente provisto de municiones”; indicaba que se habían recibido “3.000 fusiles y algunas piezas de campaña compradas en Bélgica y que le habían llegado por intermedio de la casa Bunge de Buenos Aires” 51. Por su parte, el diplomático británico en esa misma ciudad, informaba en un despacho reservado: “Rosas tiene en la provincia de Buenos Aires más de 120.000 caballos adiestrados (...). Si en el curso de una campaña, un soldado argentino se ve provisto con varios caballos frescos, puede considerarse multiplicado por ese número” 52. Dos meses más tarde, el mismo diplomático inglés comunica al Foreign Office que “la artillería de la Confederación está recibiendo amplios aportes del exterior; y los artesanos extranjeros (...)” reparan ese material, y agregaba que se estaban reuniendo caballos “en gran número y en excelentes condiciones” 53.

Desde el punto de vista militar, el ejército de Rosas era superior al de los aliados. Mucho después de la batalla, los brasileños afirmaron —según sostiene Molinari— que “toda su [la de Rosas] artillería de bronce era de calibre superior a nossa” 54. Desde 1851 esto era una convicción en todos los observadores. Al respecto, el diplomático francés informaba que el general Rosas “tiene recursos suficientes para defenderse” 55. El ejército aliado tenía 1.000 hombres destinados a la artillería “con 45 bocas de fogo —dice el Jornal de Comercio— e una batería de foquetas a congrčve de dos estativas (...) 56. Cuando en un momento determinado de la batalla Urquiza ordenó avanzar la artillería (que era la del Imperio) para que abriera un fuego vivísimo, fue seguido sin demora por otra descarga horrible 57. Esto ocurrió en el palomar de Caseros y por ello los jefes brasileños llamaron con ese nombre a la batalla realizada en los campos de Morón.

Dice Molinari que los brasileños contaban con una batería de fuego a lo congrčve, ante la cual “la caballería criolla no pudo resistir a la brigada de los disparadores de cohetes, que Urquiza envió en su contra. La caballería espantóse, los hombres se confundieron, y ocurrió la dispersión sin que nadie pudiese atajar las bestias enloquecidas. Lo restante fue cosa de nada, porque el grupo alemán decidió la suerte del encuentro” 58. Esa caballería espantada o enloquecida y la novedosa artillería empleada allí por los brasileños ocasionaron enormes bajas en el ejército de la Confederación y su posterior disgregación. Pero Rosas también contaba con esos cohetes. El general César Díaz, uruguayo que combatió en el ejército aliado, cuenta en sus Memorias que cuando Urquiza examinó en Morón el despliegue del ejército argentino, apreció el número aproximado de hombres y de su parque “comprendidas cuatro máquinas de cohetes” (p. 278). El mismo general Díaz cuenta que en el Palomar había una batería de “cohetes a la congrčve colocada en la circunferencia de base” (p. 79) que hizo “un fuego vivo” (p. 287) al ejército aliado 59.

Sin embargo, la Confederación tenía un flanco muy débil en su equipamiento bélico: le faltaba una marina de guerra. Hacía ya algún tiempo que el diplomático español en Montevideo —Creus— comunicaba a la Secretaría de Estado de Madrid, que Brasil estaba reforzando su escuadra en el Plata 60 y la Confederación, aun cuando contaba con un ejército aguerrido y poderoso, se encontraba en inferioridad de condiciones respecto del Imperio desde el punto de vista naval 61 porque los buques del Brasil llegaban insolente y desvergonzadamente hasta el puerto de Buenos Aires. Esto mismo lo afirma el diplomático francés Devoize, quien decía a su gobierno a mediados de 1851, que la flota argentina era “débil y mal equipada” 62. Por su parte, el inglés Southern mostraba su sorpresa porque Rosas no realizaba preparativos navales 63, los cuales recién comenzaron en 1852, cuando compró cinco buques 64. Por esta causa, la notable preparación naval brasileña decidiría a su favor la guerra rioplatense. Urquiza estuvo seguro con el tratado firmado el 29 de mayo porque la escuadra imperial le facilitaba poderosa protección en todas las acciones que realizaría.