Sáenz Peña La revolución por los comicios
La elección presidencial de Sáenz Peña
 
 

Los partidos políticos


EL gobierno de Figueroa Alcorta tuvo que afrontar numerosas dificultades políticas. No omitieron esfuerzos las dos líneas opositoras, aún al margen de la ley, para dominarlo. Le obligaron a realizar una política realista para cimentar su autoridad.1 Esta situación determinó que su gobierno no se caracterizara por el respeto a la autonomía de las provincias, ni a las instituciones democráticas. Continuó en política la técnica de sus predecesores.


La personalidad opositora de mayores relieves era el general Julio A. Roca. Durante sus dos períodos presidenciales, el país mejoró notablemente su economía con la incorporación de grandes masas de inmigrantes, capitales y la construcción de ferrocarriles, afianzando la administración y la justicia. La campaña al desierto y sus éxitos militares, así como la firma de los pactos con Chile, que aseguraron la paz internacional, le dieron un prestigio y autoridad indiscutibles, que afirmó con habilidad utilizando exclusivamente los hombres de su partido y usando con éxito la “máquina” electoral. Ejercía su influencia dominadora sobre los gobernadores de provincia y un grupo numeroso de legisladores. Era el caudillo más importante de ese momento. “Es la única fuerza personal que nos queda” afirmaba un sagaz escritor. “En mis dos presidencias, dijo en una oportunidad, he contribuido a vigorizar y consolidar la Nación. Creí que para ello era necesario un gobierno fuerte, capaz de mantener el orden y la paz de la república.2 Había, decidido la elección de los presidentes Miguel Juárez Celman, Luis Sáenz Peña y en buena medida la de Manuel Quintana. Los intereses creados durante tan larga actuación le permitieron continuar influyendo en la política nacional durante la presidencia del Dr. Figueroa Alcorta, a tal punto que en el primer período de su gobierno se creyó que el Presidente aceptaba su colaboración y no podía prescindir de ella. 3 Las desavenencias surgieron con motivo de las candidaturas de diputados nacionales y la renovación de los gobiernos provinciales. 4 El general Roca era el factor de mayor gravitación ante los oficialismos de las provincias y el partido Autonomista Nacional, ya un poco descalabrado. A la oposición del general Roca se agregaba la del senador Benito Villanueva, activo caudillo de la Capital y la del Dr. Marcelino Ugarte, ex gobernador de la provincia de Buenos Aires, que había contribuido al triunfo de la fórmula Quintana-Figueroa Alcorta, ambos a dos, jefes conspicuos de los Partidos Unidos.5 El gobernador Ignacio Irigoyen y los numerosos legisladores de la poderosa provincia, que seguían las indicaciones de aquel caudillo, llevaron en el Congreso una oposición violenta que amenazó con esterilizar el gobierno. El Partido Republicano, que dirigía Emilio Mitre y el Partido Autonomista cuyo jefe era Carlos Pellegrini, fueron el principal apoyo del Presidente.6 La coalición autonomista-republicana triunfó en las elecciones de diputados en marzo de 1908. Llevó a la Cámara a las personalidades más destacadas, entre ellas, al Dr. Roque Sáenz Peña. La coalición no era una fuerza política disciplinada, ni tenía fuertes intereses comunes.


A medida que se acerca la época de la elección presidencial aparecen los candidatos. “No hay partidos organizados, ni comités activos, ni siquiera grupos coherentes. Toda la vida política aparece en el Presidente, el Congreso y en los gobiernos de provincia... No se divisa ningún candidato que tenga valor en sí mismo... El candidato va a ser más oficial que nunca... Si el Presidente no puede influir porque carece de fuerza, quien resolverá la cuestión será Roca, siempre en acecho, esperando la hora de la confusión y discordia”.7


Los grandes partidos nacionales han desaparecido. En su lugar surgen una serie de agrupaciones con diferentes nombres que generalmente obedecen a situaciones provinciales. Unión Nacional, Autonomistas y Republicanos llamábanse los partidos de la Capital. En la provincia de Buenos Aires, Partidos Unidos; en Santa Fe, Partido Independiente; en Corrientes, Liberal y Autonomista; en Córdoba, Partido Nacional, etc. Sostenía Pellegrini que “entre el momento que se disuelven los partidos del pasado y se organicen los del porvenir, había que atravesar forzosamente una época de confusión e indecisión muy peligrosa”. El inició la formación en un nuevo Partido, la Coalición Popular y más tarde el partido Autonomista. Se proponía reunir a todos los argentinos que deseaban la verdad democrática por los caminos tranquilos de la ley, sin motines, ni revoluciones. 8 Su fallecimiento impidió que llevara a cabo su iniciativa.


La clase gobernante aparece dividida en dos tendencias: una defiende las posiciones adquiridas y las situaciones provinciales, la otra, más liberal, sostiene un cambio de hombres y la liberación de los personalismos tradicionales. 9 En esta lucha no se observan profundas diferencias ideológicas en las dos agrupaciones; ellas se hallan en la forma de celebrar los comicios. Una bregaba por el mejoramiento institucional que “purifique el escenario público” y se realicen elecciones libres; la otra tendencia resiste y desea mantener el régimen político que hace decir a un contemporáneo: “el programa presidencial de devolver al país la libertad del sufragio, lanzado en el seno de gobiernos opositores, es un pensamiento revolucionario”. 10



La política presidencial


Al frente de estas dos tendencias que heredaron los prestigios y elementos del partido Autonomista Nacional aparecen el presidente Figueroa Alcorta y Pellegrini, por una parte y, por la otra, el general Roca y Ugarte, que aspira a ser presidente. Pellegrini ocupa su banca en la Cámara de Diputados. Roca llega de Europa para sostener “la política reaccionaria de los oficialismos centralizados”. 11


El desarrollo del país, así como las aspiraciones de la clase media y de los jornaleros, exigía el cambio del sistema político imperante. La principal crítica se concentra en la falta de garantías electorales; el pueblo no puede votar libremente. Tal es la presión del ambiente, que ya el presidente Roca proyectó reformar el régimen electoral. Su Ministro del Interior, Dr. Joaquín V. González, envía al Congreso un proyecto substituyendo el sistema de lista completa por el de circunscripciones. Quiere complacer a la opinión con una reforma moderada que rompa la unanimidad del partido oficial sin perder el contralor del gobierno. El presidente Quintana propicia también la reforma. La Unión Cívica Radical, el partido Socialista y la prensa la exigen con apremio. Sostienen la renovación total de los padrones. El presidente Figueroa Alcorta recoge las sugestiones y también proyecta la reforma electoral como una manera de destruir los personalismos absorbentes. El asunto fue tratado en acuerdo de gobierno. El ministro del Interior, M. A. Montes de Oca, envía el proyecto a la cámara estableciendo la confección del padrón electoral a base del empadronamiento militar.


El presidente era un demócrata liberal, de sólida formación jurídica y larga experiencia política; era la expresión de la cultura tradicional de Córdoba, su provincia natal. Sin fuerte sustentación partidaria, después de la muerte de Pellegrini que conducía la coalición en que se apoya, es fuertemente combatido por los grupos metropolitanos. Defiéndese con habilidad y firmeza para mantener el prestigio de la autoridad y la independencia del gobierno. Sus relevantes condiciones intelectuales, lo llevaron a ejercer la presidencia de los tres poderes del Estado, único ejemplo en la historia argentina.


En las entrevistas y correspondencia que mantuvieron el presidente y Roque Sáenz Peña convenían en el propósito de restablecer la verdad electoral y “destruir el régimen político imperante implantado por el general Roca”. Las entrevistas que mantuvo el presidente con Hipólito Irigoyen, jefe de la Unión Cívica Radical, a fines de 1907 y comienzos de 1908, revelan su deseo de dar al gobierno una verdadera sustentación popular. “Destruir a Roca con su régimen y su falange, no es un fin sino un medio de redimir y rehabilitar al país, escribía Sáenz Peña. El presidente ha iniciado patrióticamente (se refiere al cierre del Congreso) una evolución patriótica e impersonal, pero no tendrá tiempo para consumarla en la substancialidad de sus ideas; el roquismo ha creado una modalidad que actuará contra la probidad del gobernante.” 12


La muerte de Pellegrini deja acéfalo al Partido Autonomista que apoya al presidente. Opinan algunos que Figueroa Alcorta debe asumir su dirección para incorporarlo al Partido Autonomista Nacional. Prefiere no hacerlo y busca el apoyo del Partido Republicano a quien ofrece dos ministerios.


El gobierno cuenta con una mayoría precaria en el Congreso. La oposición es poderosa y activa. La constituye una gran parte del Partido Autonomista Nacional, que obedece a las indicaciones de Roca. Las dificultades que sufre el gobierno son muy serias. El Presidente, precavido y astuto, vacila en combatir francamente a Roca, que insiste en mantener su influencia en el gobierno. Políticos experimentados sostienen que si el Presidente actúa con firmeza la oposición se debilitará rápidamente. 13


En un ambiente confuso se discuten las candidaturas presidenciales: Antonio Bermejo, Emilio Mitre, Marcelino Ugarte, Guillermo Udaondo, Roque Sáenz Peña, Manuel de Iriondo y otros. En esta disputa el presidente se mantiene imparcial y reservado. Los políticos “madrugadores” no saben por quién se inclinará la “máquina oficial”. Unos piensan que los amigos del Presidente no propiciarán a Sáenz Peña; otros, que su sucesor no será roquista; los menos, suponen que su candidato es Bermejo, Presidente de la Suprema Corte de Justicia. El general Lucio V. Mansilla escribe desde París: “Si no hay una elección tengamos una designación”.


A fines de 1907 se deshace la coalición; los republicanos dejan de apoyar al gobierno y, en el Senado, los autonomistas nacionales, con el Dr. Joaquín V. González, abren el fuego de la oposición. En “La Nación” y “La Prensa” critican duramente al Presidente. En la Cámara, los diputados por Buenos Aires constituyen, con otras provincias, un poderoso grupo adversario. La Unión Cívica Radical continúa en la oposición conspirando. Los bandos tienden las líneas y ya se definen las fuerzas que lucharán en la próxima elección presidencial. 15


Qué piensa Sáenz Peña? Ministro Plenipotenciario en Italia, mantiene una activa correspondencia con sus amigos, a quienes aconseja que apoyen al gobierno. “El Presidente se debate entre el ideal generoso y la realidad opresora... Es necesario rodearlo... y dispersar las emboscadas... Tengo confianza en su prudencia y sinceridad... Hemos hallado un estadista”. 16 Algunos ven en Sáenz Peña la solución política más probable. Impacientes, le proponen constituir un partido y recorrer las provincias lanzando su candidatura para la próxima presidencia. Sáenz Peña rechaza toda acción directa. Se limita a mantener vinculaciones, sin descuidar las oportunidades para manifestar su simpatía por el Presidente. 17


Aumenta la tensión y la crisis estalla en la Cámara de Diputados. La oposición obstruye la obra del Poder Ejecutivo y se niega a votarle el presupuesto general de gastos. El Presidente decide clausurar el Congreso (28-I-1908) y pone en vigor el presupuesto del año 1907. El hecho no tiene precedentes. Severamente juzgado por el grupo de la oposición, es apoyado por la mayoría de la opinión pública que considera este acto como una sanción contra las intrigas y ambiciones de los caudillos que dificultan la marcha de la administración. “Es el primer golpe para destruir el régimen cuyo baluarte principal residía en el congreso. “Qué buen decreto!”, escribía Sáenz Peña desde Roma. “Eso era indispensable y aún lo hubiera preferido más radical, como génesis de una nueva existencia... Para desarraigar una opresión de treinta años, era necesario un Caseros... lo hemos tenido sin sangre. El presidente tenía que andar escondiéndose al salir para que el pueblo no le arrancara de su coche para llevarlo en brazos. Si hubiera seguido adelante con el programa que prometía su popularidad hubiera llegado a ser delirante”. 18 El Presidente no siguió adelante con esta política de la cual Sáenz Peña hacía el elogio sin reticencias.


Con este acto terminó el alzamiento de los diputados de Buenos Aires que no tardaron en declararse partidarios del Presidente. La influencia política del general Roca y Ugarte quedaron muy disminuidas. 19 Sáenz Peña desde La Haya felicita al Presidente Figueroa Alcorta. Su adhesión es franca; él “representa el orden y ataja la anarquía”. 20


Lanzado en esta política de fuerza, el Presidente olvidó su programa de reforma electoral y se aplicó a dominar las provincias opositoras reclamando con firmeza el concurso de los gobernadores a la política oficial. Para desalojar a los remisos envió siete intervenciones federales.


Córdoba es el centro más importante de la oposición, con el gobernador Ortiz Herrera y gran parte del Partido Autonomista Nacional presidido por el Dr. Julio Astrada. Allí el general Roca contaba con numerosos partidarios. “Córdoba es todavía netamente roquista”. 21 El debate del proyecto en el Congreso adquiere proyecciones nacionales y los actos producidos por el representante de la Nación que asumió el Poder Ejecutivo de la Provincia, son seguidos con excepcional expectativa por todo el país. La lucha es apasionada. Las dos facciones emplean toda clase de recursos para dominar al adversario. 22 El núcleo del Partido Autonomista Nacional que responde al general Roca sabe que si es vencido, su influencia ha terminado y prevalecerá la política del presidente Figueroa Alcorta, que se ha propuesto dominar a los rebeldes. Guillermo Udaondo, probable candidato a la presidencia de su partido, recorre la Provincia en franca oposición. La prensa comenta con juicios severos el avasallamiento de la autonomía provincial resuelta por el Presidente. “La derrota del Presidente en Córdoba hubiera sido el principio de su derrumbe”. 23


La intervención enviada a otras provincias vence definitivamente a la oposición y la política presidencial queda dominadora. “El Presidente ha aplastado al personalismo, sólo con su alma y con su concepción y tacto de gobernante”. 24 Destruye la influencia del general Roca. “La próxima elección la harán los gobernadores, como ha sucedido desde Urquiza hasta Quintana. Hay imposibilidad moral de que suceda lo contrario. Prevalecerá el candidato del presidente”. 25 Las circunstancias favorecieron la candidatura de Sáenz Peña, el tradicional adversario del general Roca.



La candidatura de Sáenz Peña


El Presidente no tenía en el círculo de sus amigos una personalidad de tanta notoriedad y relieve como Sáenz Peña. Había sido candidato a la presidencia en 1892, proclamado por el grupo “modernista” en la capital y las provincias. En el Parlamento y el periodismo demostró condiciones de hombre de gobierno, liberal y democrático. Nunca sirvió intereses personales ni transacciones políticas censurables. Fue definido en sus principios de moral política. Su conducta pública era intachable. 26 Aumentaron sus prestigios su actitud en la reciente Asamblea de La Haya y las misiones diplomáticas en Madrid y Roma, sus visitas a Río y Montevideo. 27 En diversas oportunidades había expresado su opinión contraria al autoritarismo y al personalismo, sosteniendo la necesidad de garantizar la libertad del sufragio y mejorar los hábitos políticos. 28 En Buenos Aires su conducta, limpia de los ajetreos y manejos electorales, significaba para la juventud una esperanza de renovación y para todos una promesa de alto decoro político. 29


En los primeros meses de 1909 la candidatura comienza a elaborarse. “Sólo una minoría de ciudadanos había percibido su palpitar profundo en las entrañas del país”, pero producido el alumbramiento las manifestaciones se exteriorizaron rápidamente. Paúl Groussac publicaba su celebrado artículo “Sáenz Peña” que terminaba con estas palabras poco comunes en su espíritu crítico: “Creo que esta hora (su candidatura) está llegando (Sáenz Peña) para gloria del hombre y la grandeza de su patria”. 30


Sáenz Peña aceptó tácitamente su candidatura pero no le son suficientes las adhesiones aisladas que recibe para lanzar su nombre a la arena pública. Poco tiempo antes había dicho: “No quiero asumir la posición de candidato. No lo soy ni aspiro a serlo”. 31 “No tengo la ambición de ser candidato... creyendo que puedo servir al país en la posición que ocupo, con plena seguridad de servirlo con acierto; (era ministro en Roma) no puedo asegurar lo mismo de aquella alta posición que la aspiré en mi juventud, cuando la responsabilidad se mide menos y nos fascina el anhelo de realizar el bien común”, le escribía a Ramos Mexía (carta ya citada). éste le respondía: “El país necesita... de un hombre con los prestigios y energías necesarias para imponer tiránicamente la libertad electoral... y de ese calibre el único que yo conozco eres tú”. Magnífico diálogo entre dos amigos.


En sus “Memorias” Exequiel Ramos Mexía, ministro de Obras Públicas, de la confianza del presidente Figueroa Alcorta y amigo de Sáenz Peña, escribe que “jamás oyó de labios del Presidente una sola palabra que indicara su propósito de prestigiar la candidatura de Sáenz Peña” y agrega: “Si los partidos políticos no proclaman una candidatura, me veré obligado a aconsejarla”. Sin embargo, nunca ocultó sus simpatías personales por Sáenz Peña. 32 La habilidad del Presidente para hacer triunfar esa candidatura, la que más convenía al país y a sus intereses políticos, fue tan eficaz que hacía recordar la mejor técnica del general Roca.


Sáenz Peña mantenía con el Presidente Figueroa Alcorta excelentes vinculaciones y apoyaba decididamente su política. Sabía halagarlo con discreción y hacer el elogio de su personalidad escribiendo a sus amigos: “Hemos hallado un estadista... El país ha quedado huérfano de espíritus dirigentes y superiores. Hemos encontrado uno, por fortuna y en posición de hacer el bien, interpretando el sentimiento de la República”. 33


Sáenz Peña se resiste a ser el candidato oficial. Era consecuente con sus ideas. Le escribe su pensamiento a su amigo de la infancia con la mayor sinceridad: “El sucesor de la presidencia actual necesita contar con una fuerte base de opinión” y refiriéndose a su candidatura le agrega: “considero indispensable una concentración de hombres de representación, conformes en constituir un partido de gobierno de apoyo del orden actual y del futuro; necesito que sea visible la sustentación popular... antes de aceptar mi candidatura necesito saber previamente, en qué forma y de qué modo se me quiere acordar tan gran honor”. 34


A medida que corren los términos, en la capital surgen diversos grupos, que se constituyen en comités, para prestigiar su nombre. En casa del Dr. Ricardo Lavalle un núcleo importante de ciudadanos prestigiosos, que no ocupan posiciones públicas, nombra una “Junta Ejecutiva Provisoria pro candidatura de Sáenz Peña”, encargada de organizar y dar impulso a la propaganda. Es necesario coordinar la acción proselitista. 35


Su nombre aparece por primera vez; en la tribuna pública en el Teatro de la Opera (2-III-1909). Ya está en la calle y los oradores se afanan en difundirlo. “Asistimos al despertar cívico” dice el representante del interior Dr. Ernesto Padilla. La política debe salir de los cenáculos para entrar en el dominio del pueblo. El país espera con su nombre el resurgimiento cívico y brillantes perspectivas de justicia y verdad institucional”. La oratoria es desbordante, confusa y hueca en el acto del “Comité de la Juventud Roque Sáenz Peña”. Un correligionario entusiasta se propone “señalar algunas aristas del poliedro, la nobleza de su carácter (que) resulta anacrónica en sus exageraciones medioevales” y continúa la apología con “las claridades de aurora”, el “áureo reflejo de los trigales”, la “alborada del día ansiado” para después criticar el ausentismo, el derroche de lujo y condenar el indiferentismo político”. Termina el acto Carlos Estrada respondiendo a las críticas de que es objeto el candidato a quien le llaman el “General Peruano”. 36



Partidos y programas


Los partidos políticos inspirados por principios doctrinarios o intereses económicos, como los federales y unitarios, porteños y provincianos, desaparecen y se transforman; se reagrupan y persisten en virtud del prestigio personal de sus caudillos. Las banderas se substituyen por banderolas. “Los grandes partidos cumplidas sus misiones históricas, no saben disolverse y transformarse. El partido Autonomista Nacional estaba en crisis. “No existe el Partido Nacional”, exclamaba Pellegrini en el Congreso. 37 El electorado reclutábase a base de personas y no de ideas. A los hombres públicos de la generación del 80’, oportunistas y dúctiles, también realistas y prácticos, no los dividían intereses incoercibles, ni ideologías irreconciliables, estaban de acuerdo en los problemas fundamentales, como el de asegurar la paz social y los beneficios del trabajo, estimular el progreso material y difundir la educación, poblar y explotar la tierra. Diferían en los procedimientos a emplearse, o en la medida del contenido religioso en las nuevas instituciones civiles y la orientación de la enseñanza. E1 diputado Costa definía esta situación con ironía. Las dos grandes tendencias de la política argentina eran los gordos y los flacos, (li popolo grosso e li popolo minuto). Los gordos son el gobierno, los flacos la oposición. Cuando éstos llegan al gobierno se convierten en gordos o conservadores y los gordos se vuelven flacos o radicales o socialistas. 38


En la elección presidencial se presentaron a los comicios la Unión Nacional y la Unión Cívica. El primero estaba apoyado por las autoridades nacionales y provinciales, el segundo reunía a la oposición. El partido socialista actuaba únicamente en la Capital Federal y defendía los intereses de la clase trabajadora, sosteniendo la doctrina de la internacional europea. En Santa Fe habíase constituido un partido local “La Liga del Sur”.


La Unión Nacional era un conglomerado político constituido a requerimiento de Sáenz Peña, quien había expresado que “necesitaba ancha base de opinión” para aceptar su candidatura y llegar a la primera magistratura con el apoyo de la mayoría del electorado. No era un partido político. Carecía de estatuto y de programa; fue un centro de propaganda y acción electoral, cuya Junta de Gobierno se había integrado con delegados de todas las provincias y de la Capital, responsable únicamente de la conducción de la campaña en Buenos Aires. Lo integraban los Autonomistas y los quintanistas del Partido Autonomista Nacional y el partido Republicano; los roquistas que apoyaban al Presidente Figueroa Alcorta, como el grupo de Córdoba; los sobrevivientes de la Junta Revolucionaria de 1890 y un numeroso grupo de ciudadanos independientes. Juan Balestra sostenía que la candidatura de Sáenz Peña había tenido el sugestivo poder de borrar las divisiones que habían dejado las antiguas luchas y reunido a “los hombres” más representativos de las viejas tendencias.


En menos de diez meses agrupó bajo su bandera un conjunto numeroso de ciudadanos independientes y veinticuatro partidos provinciales. 39 En la mayoría de las provincias coincidían opositores y oficialistas en el nombre de Sáenz Peña. 40 Fue un movimiento de opinión que adquirió tal importancia que al final del año 1909 podía afirmarse que la elección estaba definitivamente ganada. 41 Formaban parte de la Unión Nacional la gran mayoría de la oligarquía gobernante, numerosa juventud, hacendados, comerciantes y hombres de negocios. El propio candidato pudo calificarla como una expresión “unipartidista”. Su Presidente la definió el día de la proclamación de esta manera: “No es un partido, ni diversos partidos; no es una provincia ni varias provincias; no es el pueblo de Buenos Aires ni el de determinadas capitales, ¡no!; es el pueblo de la Nación en su inmensa mayoría”. Es “un grandioso movimiento de opinión, extraordinario, sino único, en nuestros fastos políticos”, que se anticipó al movimiento de los partidos, que rompe con los procedimientos consagrados y ofrece una solución verdaderamente popular al problema de la nueva presidencia. 42


Abatido el roquismo, el mitrismo mutilado, la Unión Cívica Radical en la abstención, Sáenz Peña no tenía a su frente ningún partido importante que pudiera disputarle el triunfo. 43


Los tres partidos en que se divide la opinión del país; la Unión Nacional, la Unión Cívica y la Unión Cívica Radical poco difieren en sus programas. Repiten los mismos principios de moral cívica y propósitos de impulsar el progreso del país. Sus diferencias consisten en las modalidades que le imprimen sus caudillos. 44


La Unión Nacional “sostiene la purera y libertad del sufragio”. 45 La Unión Cívica promueve la reforma electoral y la libertad del voto. 46 La Unión Cívica Radical sostiene análogas ideas. Ninguno revela el modo de alcanzar esos propósitos. El Partido Socialista y la Liga del Sur son agrupaciones locales que poco influirán en las elecciones próximas. 47 La Unión Nacional que reunía en su Junta de Gobierno delegados de todas las provincias no tenía una plataforma electoral. 48 Cada partido provincial conservaba su estatuto y su programa. Coincidían con el candidato elegido para presidente. A pesar que Sáenz Peña combatía el personalismo, propiciaba los partidos doctrinarios y afirmaba que la Unión Nacional obedecía a Un movimiento “impersonal”, la realidad era distinta. El candidato conducía a sus partidarios de acuerdo con sus ideas, su voluntad y su deseo, con una autoridad raras veces discutida, a tal punto que las fuerzas que lo apoyaban no redactaron plataforma alguna ni tampoco influyeron para designar al Vice Presidente, que fue obra exclusiva de él. Su programa lo redactó el propio candidato, a la manera de los primeros ministros conservadores ingleses.


La Unión Cívica combatía la imposición oficial de la candidatura de Sáenz Peña y la formaban una parte de la Unión Cívica de 1890 y amigos del General Mitre. No tenía capital electoral fuera de la Capital y de Buenos Aires 49 Proclamó la candidatura del Dr. Guillermo Udaondo que había gobernado la provincia de Buenos Aires con capacidad y probidad. No tenía posibilidades de triunfar, después de su campaña en Córdoba, a pesar de que lo prestigiaba un conjunto de ciudadanos respetables y el diario “La Nación”. Sostenía su origen popular, buscando despertar el interés de la clase obrera, cuyo mejoramiento propiciaba aunque sin concretar la forma en que lo haría. 50


El Partido Socialista disputó la elección en la Capital. Lanzaba sus críticas más que al candidato oficialista, a la oligarquía gobernante, estrecha, cerrada, oprobiosa y rapaz, como afirmaba Juan B. Justo, sin precedentes en América. “Los gobiernos de opereta explotan la democracia, practican el despilfarro y crean la miseria del pueblo. El país progresa a pesar de los gobiernos, debido a la necesidad de expansión de los pueblos y al capital europeo, progresaría más si en lugar de este gobierno tuviéramos por gobierno un consejo formado por los gerentes de los ferrocarriles”. 51


El candidato Sáenz Peña regresó de Europa en el “Cap Vilano”. Fueron a recibirlo a Montevideo numerosas delegaciones que fletaron los barcos “Londres” y 'Rivadavia”. A la llegada a Buenos Aires fue recibido por el edecán del Presidente y numeroso público que en manifestación se dirigió del puerto a la Plaza de Mayo. Desde los balcones de la Casa de Gobierno, Figueroa Alcorta presenció el desfile. La manifestación continuó por la calle Florida hasta la plaza San Martín. Detúvose el candidato en la casa del Dr. Romero desde cuyos balcones se dirigió al pueblo. 52


En el mitin de la plaza del Retiro (12-VIII-1909) cuya importancia “no había tenido precedentes en los anales democráticos del país” se proclamó públicamente la candidatura de Sáenz Peña que ese mismo día había regresado de Europa. Su programa se hizo inseparable de su persona y contrajo el solemne compromiso de cumplirlo prescindiendo de los vínculos partidarios y consideraciones personales. 53


El discurso de Sáenz Peña es una de las páginas más equilibradas y mejor inspiradas que ha producido, Escuchóse su palabra con una gran esperanza. Hasta sus adversarios respetaron el alto propósito que lo inspiraba. Fue claro y concreto, doctrinario y realista, a tal punto realista y comprensivo que su promesa de reforma política quitó a la Unión Cívica Radical la base de su programa. Su concepto sobre el trabajo, las condiciones del obrero y el costo de la vida demostraron que aplicaría gran parte del programa Socialista.


¿Cuál era ese programa? “Una política conservadora”, de “circunspección que inspira fe y de sinceridad que gana amistades”. Disipa las críticas de que fue objeto para afirmar en materia internacional su propósito pacifista, “la paz internacional es el problema central”. “Sin una agresión, pero también sin una debilidad”, ¿Buscaremos expansión territorial? pregunta. “No la necesitamos, porque nos faltan hombres y nos sobra tierra, porque hay déficit de brazos y exceso de riquezas inexplotadas”. Si el desierto es el mal argentino, emerge del propio instinto de conservación nuestro desinterés por aumentarlo”. Así destruye la esperanza de algunos por restablecer los límites del antiguo virreinato. Su invariable política será: “amistad para Europa y fraternidad para América”. “La política argentina ha sido y será pacífica porque es una democracia conservadora”. “Estado fuerte no significa estado beligerante”.


En materia comercial declara que “los productos argentinos no se encuentran suficientemente protegidos en los mercados extranjeros por el arma defensiva de la reciprocidad” y propicia la revisión de los antiguos tratados de comercio; “una política de recíprocas ventajas que mejore la penetración de los mercados”, para lo cual lanza la idea de fomentar la Marina Mercante. “La balanza económica no debe quedar librada al solo juego de la acción particular y es al gobierno a quien compete buscar equilibrios”.


Desde el exterior observaba al país en un “vértigo creciente” y afirma con énfasis que el “progreso espiritual” es más esencial que la riqueza natural. Si la inmigración continúa con aquel “vértigo” el elemento nativo va a quedar en minoría: tratemos de que no quede en inferioridad. Acordemos medidas, vigilemos y “auscultemos la intensidad del espíritu argentino”, pero sin interrumpir la marcha de nuestro progreso. No prodiguemos la ciudadanía si el extranjero que la aspira no nos aporta un ciudadano de verdad. 54 Era insistir en la misma tesis que defendió en Washington veinte años antes. La educación pública y el servicio militar obligatorio son las armas principales para asimilar el “aluvión humano” que llega al país.


No existen, continúa, clases, ni privilegios. La legislación liberal ha ganado el litigio con el socialismo que no arraiga, ni puede avanzar en nuestro suelo, si nos apresuramos a mejorar las condiciones del trabajador. “No conoce nuestro país la opresión del capital, pero sí la largueza del salario”. Sin embargo, reconoce la carestía de la vida que repercute en el salario. La combatirá “simplificando y reduciendo” el régimen impositivo y haciéndolo gravitar sobre las clases pudientes. Su política económica será la “conciliación entre los intereses que se controvierten”. No es proteccionista, pero protegerá las industrias existentes y fomentará las que puedan desenvolverse; esta política y la estabilidad monetaria contribuirán también al abaratamiento de la vida. Es contrario a los “trust”, como a todo monopolio. Se propone estimular el capital extranjero, reconociendo los beneficios que ha producido. Atraído por las ideas del ministro Ramos Mexía, adopta el principio que preside la política colonizadora de las tierras fiscales: valorizarlas con ferrocarriles y obras de irrigación antes de transferirlas al dominio privado. Propició como la mejor manera de combatir el latifundio, el impuesto progresivo.


Analiza con mayor extensión los hábitos políticos del país. Fustiga la época de los personalismos. “Se acabaron los personalismos” en los partidos y en el gobierno. “Dejadme ser el pretexto para la fundación del partido orgánico y doctrinario que exige la grandeza argentina”. El país pasa por una época de transición. “Durante los últimos seis años se han venido madurando altos anhelos para colocarlo... en la realidad republicana”. Comprueba que “las costumbres” políticas están “hondamente retardadas” y ofrece, a los partidos políticos, iguales medios y caminos legales. Con estos conceptos el candidato descubre su propósito de reforma electoral que aplicará el Presidente. “No tomará puestos ni banderas en las políticas locales y respetará las autonomías provinciales. Condena las revoluciones. No concibe el gobierno representativo sin una ancha base de opinión.


Terminó su extenso discurso declarando que no llegará a la presidencia como exponente de ningún partido, y al saludar a sus adversarios revela un sentimiento íntimo: “estimo más a los que combaten y me atacan que a los que viven ajenos a los graves problemas de la Nación”. 55


Solemne, digno, equilibrado e inteligente, carecía de emoción cívica, de inspiración popular. Sáenz Peña nunca estuvo en contacto personal con el electorado, ni recorrió el país para observar los diferentes núcleos sociales y necesidades económicas. Sáenz Peña compuso el discurso en su bufete, después de una prolongada estada en Europa. Su contextura es el resultado de un proceso mental donde la meditación y la inducción realizan durante la madurez; su experiencia y la consecuencia de observaciones que vivió y anotó durante su juventud. Frío y distante como Thiers, sentía íntimamente el liberalismo de Macaulay.


El país no estaba acostumbrado a escuchar de sus candidatos un pensamiento tan elevado, fruto de una comprensión tan cabal de sus necesidades y de una dignidad tan genuina y definitiva.



La formula presidencial


La candidatura de Sáenz Peña estaba ya lanzada y aceptada por todo el país.


Se ausentó a Europa (4-IX-1909) sin que se hubiera resuelto el segundo término de la fórmula. La prensa mencionaba los nombres del ministro del Interior, Marco Avellaneda, de Manuel de Iriondo, Benito Villanueva y Pedro Olachea Alcorta. 56


Sáenz Peña había dejado en libertad a sus correligionarios para que hicieran la elección. La lucha de grupos e intereses amenazaba con dividir la Unión Nacional, ya muy trabajada por algunos gobernadores de provincia, y la poderosa influencia de la provincia de Buenos Aires. Sáenz Peña fue llamado con urgencia (19-XI-1910). 57


En La Plata se prestigiaba el nombre de Avellaneda como candidato a Vice Presidente, invocando el apoyo del Presidente Figueroa Alcorta. Sáenz Peña se alarma. Si se insiste en esa candidatura esta dispuesto a declinar la suya. El Vice Presidente debe contar con su confianza y constituye una fórmula solidaria. En una entrevista con Figueroa Alcorta, desbarata la intriga política. El Presidente no desea complicarse en la elección y le dice al candidato: “Elija Ud. solo, puesto que Ud. será quién más sufrirá si llega a equivocarse”.


“Sáenz Peña revela su preferencia todavía flotante” por el Dr. Victorino de la Plaza quien despierta todas sus simpatías. 58 Finalmente provocó la consulta del Presidente de la Unión Nacional para definir en una carta, con una franqueza y lealtad que lo honra, su preferencia por el Dr. Victorino de la Plaza. No significaba una imposición sino una sugestión, tampoco un acuerdo o una complacencia. La decisión le corresponde decisivamente al Presidente. “El país está atacado de indecisión y es menester curarlo con la franqueza”. 59


Nunca fue resuelta por un deseo tan personal la Vice Presidencia de la Nación. La voluntad de Sáenz Peña se hizo sentir afirmando aun más su autoridad. El personalismo continuaba dominando las costumbres políticas del país y el oficialismo se imponía en los comicios.


Al día siguiente (2-XII-1909) se reunía en asamblea la Unión Nacional, se aceptaron los delegados de los partidos provinciales y se votó la candidatura de Plaza. Las demás fueron eliminadas. Los delegados de la provincia de Buenos Aires y Tucumán se retiraron antes de la votación. Al candidato Marco Avellaneda se le eligiría Senador por la Capital. Las más importantes funciones se adjudicaban sin consultar las asambleas.



La campaña electoral


Pocas campañas políticas se desarrollaron en un nivel de tanta cultura. Sáenz Peña fue aceptado por la opinión sin desatar amargas críticas, ni emplear “la denigración y el vituperio”. “Los adversarios más ardientes y menos sensatos no han llegado a formular impedimentos personales”. 60


Los partidarios de Sáenz Peña sostenían que era el exponente de la renovación y mejoramiento políticos. Concentraba, además de las fuerzas del oficialismo, la gran mayoría de la opinión independiente de la capital y de las provincias, la banca, el comercio, las industrias, la agricultura y la juventud universitaria. 61 Los partidarios de Guillermo Udaondo, su adversario, decían que Sáenz Peña era la expresión del más puro oficialismo, que no tenía sustentación popular y representaba la resurrección de las peores prácticas electorales, que condensaban en una frase: “Ministro de Juárez; y candidato oficial”. 62 En las provincias los encargados de la propaganda eran los gobernadores y los partidos locales.


El Presidente Figueroa Alcorta realizaba hábiles combinaciones para destruir la oposición. Si era necesario, el Poder Ejecutivo enviaría la intervención, como en Córdoba y Corrientes, para destruir un reducto adversario. “Las intervenciones... venían a curar males que vienen de otra época” decían los partidarios de Sáenz Peña. 63 A tal punto fue eficaz la propaganda política, que los partidos provinciales casi unánimemente se pronunciaron en favor de su nombre.


Hasta en las filas de los adversarios se dijo que el mejor gesto que había tenido en su gobierno, Figueroa Alcorta fue propiciar la candidatura de Sáenz Peña. Sáenz Peña pudo haber sido presidente en 1892, con mayores merecimientos lo sería en 1909. El Presidente con extrema habilidad facilitó su candidatura como una consecuencia de su política. Llegará al gobierno sin tutores ocultos, ni influencias opresivas. “La candidatura de Sáenz Peña ha tenido el sugestivo poder de borrar en todo el país las líneas divisorias que nos habían dejado las antiguas luchas”. 64


A la imputación de los opositores de “oficialistas incondicionales”, sin “ideas patrióticas” contestan los partidarios de Sáenz Peña que aquéllos no habían presentado ningún programa de gobierno, porque sostienen que “la situación del país no es propicia para recibir el compromiso que comporta”. En cambio, Sáenz Peña ha expuesto con franqueza y claridad sus ideas. Coacción oficial, dicen sus adversarios. Se les responde: ¿cuándo la intervención a Córdoba les ha privado de instalar comités y se les ha restringido en el uso de la palabra? ¿Acaso en Tucumán y la Rioja se impide que la oposición se organice?


La oposición no existe en el interior. 65 En Corrientes, Autonomistas y Liberales votan su nombre. En Entre Ríos, San Luis, Santa Fe, Salta, San Juan, sucede lo mismo. 66 Carlos Rodríguez Larreta desafiaba al adversario: “compare los méritos de su candidato Udaondo con los de Sáenz Peña, cuyas calidades son apreciadas en los países extranjeros”. No tienen el derecho de recoger el nombre de la Unión Cívica, les decía, ni “remedar con escasa fortuna... los apóstrofes de Del Valle y la elocuencia apocalíptica de Estrada. Olvidan que los tres sobrevivientes de la Junta Ejecutiva de la antigua Unión Cívica, Demaría, Romero y Goyena se han adherido a la candidatura de Sáenz Peña”. 67


Una publicación anónima criticó acerbamente la personalidad de Sáenz Peña. Prestigiaba al candidato opositor Guillermo Udaondo. Le negaba al primero todas las calidades, afirmando, con más pasión que veracidad, que no había producido un solo hecho que lo hiciera merecedor a la candidatura presidencial. 68


La Unión Cívica se niega a exteriorizar su programa hasta que no se “vote con toda perfección”. El Partido Unión Cívica Radical cuya “dirección irresponsable y absoluta” continúa conspirando, pide la implantación del padrón militar y la reforma de la ley electoral. La revolución está en todos los oídos. “Nunca faltan en épocas electorales estos rumores”, decía Cárcano. 69


Los adversarios de Sáenz Peña afirmaron que su candidatura había causado alarma en las cancillerías de Brasil y Chile. 70 Recordaban la participación de Sáenz Peña en la guerra del Perú y su apoyo al programa de construcciones navales que se proponía mantener el equilibrio de fuerzas con el Brasil. “Me consta que algunos adversarios —escribía a un amigo— se empeñan en atribuirme ciertos contornos belicosos que no resultan, ni de mi perdimiento de hombre público, ni de mis sentimientos de ciudadano, porque cada vez que he expresado mis ideas y he interpretado la política de mi país, ha sido para inspirarme en sus anhelos de paz y fraternidad. Después de las palabras pronunciadas en la Conciliación Internacional de Francia, seguidas del discurso del representante de Chile, tan elogioso para mi actitud, y de la notable arenga de Federico Passy, del Instituto, podrá comprender Ud. la improcedencia del cargo con que quieren obsequiarme algunos de mis compatriotas... Soy un amigo de la paz; y un defensor decidido de la unidad de mi raza”. 71


Calificaron su candidatura de oficialista. Fue la crítica más tenaz. Honorio Pueyrredón, partidario de Udaondo, insistía en este calificativo. “La Nación” que apoyaba a la Unión Cívica desarrolló en su contra una campaña violenta. Anunciaba que el acto electoral sería una “parodia grosera”, una “farsaica parodia”. Predecía la unanimidad en todas las provincias y la compra de votos en gran escala. 72


Desde Sarmiento, todas las candidaturas a presidente, “con base más ancha o más estrecha en la opinión” habían deseado, procurado o conseguido el apoyo oficial. La sola influencia gubernativa no es suficiente para hacer triunfar un candidato si no tiene apoyo en la opinión pública más o menos importante y una apreciable simpatía popular. ¿No hemos visto a los presidentes norteamericanos recorrer el país sosteniendo su propia candidatura? ¿No hubiera sido más leal y genuino que el Presidente Figueroa Alcorta manifestara francamente su simpatía por Sáenz Peña? Es verdad que el federalismo norteamericano es más auténtico que el argentino y las prácticas electorales más honestas.


La Unión Nacional en su empeño por demostrar que el acto electoral se realizaría con las mayores garantías dirigióse a los demás partidos invitándolos a depurar el padrón. La Unión Cívica respondió negándose a la invitación. Dijo que los comicios estaban corrompidos por los abusos del poder y la supresión de las garantías del votante. “Nunca se ha manchado, como partido, con la impureza de un fraude”. El Presidente del Comité de la Unión Nacional criticó la posición irreductible del Comité de la Unión Cívica Radical que presidía Vicente Gallo, en un manifiesto anunciando el “fraude escandaloso de Palermo”, donde habían substraído los registros electorales, dirigentes de la Unión Cívica Radical; la falsificación de documentos públicos en Vélez Sársfield, y la firma de un juez, hechos que revelan la falsedad de los “apóstoles de la redención, moral y política”.


El diario “La Nación” en sus informaciones y editoriales llevó una campaña muy intensa y violenta contra el Presidente Figueroa Alcorta, anunciando la presión oficial, la corrupción electoral, la compra del voto y la intromisión de las autoridades policiales. Los empleados del Arsenal y del Consejo Nacional, decía, ya han entregado sus libretas a las autoridades. Anunciaba que no habría oposición en las provincias y que los únicos comicios verdaderos serían los de la Capital. 73


La elección de electores de presidente y diputados fue precedida por la del senador nacional por la Capital (6-III-1910). La Unión Nacional votó por Marco Avellaneda y la Unión Cívica por Francisco Bearfey. El candidato de la oposición fue vencido por gran mayoría. 74


A pesar de algunos abusos, hubo una auténtica lucha cívica. La presión oficial ha sido ejercida con “ostentoso desenfado”. 75 La Unión Cívica produjo un manifiesto, resolviendo abstenerse en la elección presidencial calificando el acto electoral como “la mayor extorsión oficial de que haya habido memoria”. 76 Fue n “espectáculo vergonzoso” dijo el diario de la oposición. No obstante, en la Provincia de Buenos Aires la Unión Cívica resolvió concurrir a los comicios contrariando la opinión del Comité de la Capital. 77


La elección presidencial conjuntamente con la de diputados nacionales, se realizó en un ambiente de tranquilidad y orden (13-III-1910). La concurrencia de votantes fue muy numerosa. A pesar de las denuncias sobre compra de votos y desmanes policiales el acto no fue, ni tan malo, ni mejor que los anteriores.


Se produjo la anunciada unanimidad a favor de Sáenz Peña. En la Capital obtuvo más votos que el senador (24.732) aunque menos que la lista de diputados. El Partido Socialista fue el único partido opositor (7.472 votos).


El Congreso de la Nación reunióse en Asamblea para realizar el escrutinio y proclamar el triunfo del binomio Sáenz Peña-Plaza, que obtuvo la totalidad de los votos del Colegio Electoral (12-X-1910). Era la primera vez que este hecho sucedía en el país. 78



Temores de alteración del orden


En la elección presidencial se ha abstenido la Unión Cívica Radical, cuyo jefe Hipólito Yrigoyen continúa en conciliábulos secretos, preparando un golpe militar. Los rumores cada vez son más alarmantes. El jefe de la Región Militar de la Capital, general Rufino Ortega, inspeccionará personalmente Campo de Mayo; el jefe de Policía, general Dellepiane, y el Ministro de la Guerra, general Racedo, mantienen una vigilancia estricta. El gobierno está preocupado. El único que no cree en la revolución es el Presidente Figueroa Alcorta. Ha conocido personalmente a Yrigoyen en entrevistas reservadas hace algunos años; piensa que la Unión Cívica Radical carece de organización y no inspira temores su violencia. Sin embargo, la opinión pública teme un estallido revolucionario antes que el Presidente electo se haga cargo del gobierno. El Ministro de la Guerra solicita al Presidente la declaración del estado de sitio, la detención de los señores Yrigoyen y Udaondo y algunos traslados de oficiales del ejército. El Presidente cree innecesarias estas medidas. Por su extrema gravedad considera que no deben aplicarse sin consultar al Dr. Sáenz Peña que viene en viaje desde Europa, en un barco de guerra. El Ministro Racedo insiste en la gravedad del momento y la detención de los Sres. Yrigoyen y Udaondo, Jefes de la pretendida revuelta. La policía no puede determinar el paradero de Yrigoyen, quince días antes de la trasmisión del mando. El Presidente resiste las alarmas colectivas. Finalmente, conviene en enviar al Ministro Ramos Mexía para informarle al candidato sobre la situación. La entrevista tiene lugar a bordo del crucero Buenos Aires, frente a la isla de Flores. Sáenz Peña telegrafía al Presidente aconsejándole la detención de Yrigoyen y arriba a la Capital en sigilo y con las mayores precauciones. Después de conversar con el Presidente, Sáenz Peña tampoco cree en la revolución que imagina el general Racedo y algunos amigos. Yrigoyen no es detenido, ni se toman medidas extremas, aunque se mantiene la vigilancia.


Las alarmas eran infundadas, provocadas hábilmente por el caudillo radical que mantenía su prestigio haciendo circular rumores alarmantes. Nunca creyó que su partido estuviera preparado para provocar una revuelta militar.



Entrevista Saenz Peña - Yrigoyen


La actividad de Sáenz Peña no decae un instante. Ha aceptado su candidatura bajo la condición de no contraer compromisos con partido alguno. Su compromiso es únicamente con el país. “No hay partidos de gobierno, no hay gobierno de partidos”. Quiere ser el Presidente de todos los argentinos, que su prescindencia y autoridad no sea discutida; que su palabra sea creída; que su ministerio esté integrado por personalidades de diversas tendencias que representen valores reales de capacidad y de conducta. “Gobierno para el país, no para mis amigos”. 71


Necesita la colaboración de los partidos, incluso del Partido Unión Cívica Radical que persiste en la abstención y la conspiración, a pesar de que un grupo de dirigentes deseaban participar en los comicios. La persona de mayor influencia era Hipólito Yrigoyen, misterioso en sus actividades políticas e intransigente en sus ideas. Sáenz Peña desea conocer personalmente su pensamiento. Los buenos oficios del diputado Manuel Paz, amigo personal de los dos, facilita la realización de una entrevista, que debía ser histórica, porque en ella se conviene la participación de la Unión Cívica Radical en los comicios regidos por la reforma electoral que prometía el Presidente. Es fundamental para Sáenz Peña que Yrigoyen tenga confianza en sus declaraciones.


Sáenz Peña va a la entrevista decidido a realizar la reforma y lograr la concurrencia a los comicios de la Unión Cívica Radical o su colaboración en el gobierno, como una forma de concluir con las conspiraciones y golpes militares.


Realizáronse dos conversaciones en casa del diputado Manuel Paz en el mayor secreto. (2-IX-1910) Sáenz Peña expuso los puntos fundamentales de la reforma electoral. Yrigoyen le sugirió la intervención a las catorce provincias, para neutralizar en los comicios la influencia de los gobernadores electores. Sáenz Peña negóse a emplear semejantes medios coercitivos y ofrece al partido participar en el gobierno con dos ministros. Yrigoyen responde como a Pellegrini en 1883: “El Partido Radical no busca ministerios, únicamente pide garantías para votar libremente en las urnas”.


Sáenz Peña insiste en su propósito de realizar la reforma electoral sobre la base del padrón militar y la representación de las minorías.


“Si el gobierno nos da garantías concurriremos a las urnas” responde, por fin, Yrigoyen. 80


Pocos días antes que el Presidente se hiciera cargo de sus funciones el comité nacional de la Unión Cívica Radical (5-X-1910), después de escuchar la información de Hipólito-Yrigoyen sobre su entrevista con Sáenz Peña, resolvió rechazar la “invitación para participar en las funciones de gobierno” y estar “dispuesto siempre a caracterizar con su intención, y a sancionar con su voto definitivo la reorganización de los elementos constitutivos del derecho electoral, en cuanto ella sea, plena y claramente, hecha en su concepto legal y en su aplicación verdaderamente garantizada”.


La resolución es vaga y permite, según las circunstancias, tomar una actitud diferente.


El propósito del Presidente se ha logrado con la promesa del caudillo opositor. La promesa es condicional, pero para Sáenz Peña esa condición sabe que va a cumplirla y por lo tanto es un hecho la concurrencia del partido abstencionista a los próximos comicios. El Presidente triunfa con su política de pacificar al país y concluir con las conspiraciones y amenazas de revolución; ha conseguido que el partido más reacio concurra a los comicios.


Ahora es necesario articular la reforma y ajustar su conducta de gobernante para que la opinión pública crea en la sinceridad de su propósito.