período independiente
Grupos Políticos en la Revolución de Mayo
Jorge María Ramallo
 
 


El tema en nuestra historiografía





A pesar de la densa bibliografía existente sobre la Revolución de Mayo, considerablemente acrecentada con los numerosos trabajos publicados con motivo del centésimo quincuagésimo aniversario de dicho acontecimiento, estimamos que aún no ha quedado suficientemente aclarada la actuación de los grupos políticos revolucionarios en aquella emergencia.


Como creemos estar en condiciones de aportar alguna luz sobre tan complejo problema, nos atrevemos a hacer algunas consideraciones al respecto:


Durante mucho tiempo se sostuvo la existencia de un solo grupo revolucionario, constituido por la denominada Sociedad de los Siete. Así se enseñaba en la escuela primaria y como ha ocurrido con muchos otros hechos de nuestra historia, se convirtió en un mito celosamente defendido por el normalismo.




Pero en 1941, con la aparición del quinto volumen, primera sección, de la Historia de la Nación Argentina, publicada por la Academia Nacional de la Historia, se inaugura la revisión de este concepto. El historiador Juan Canter, en su trabajo sobre Las sociedades secretas y literarias, inserto en dicho volumen, negó entonces terminantemente la existencia de la pretendida Sociedad de los Siete.


“La inveterada ficción —dice Canter— ha engendrado la idea de una sociedad revolucionaria única, conduciéndola a preparar un movimiento acorde y perfectamente planeado en fines y procedimientos, Fluye entonces un concepto demasiado convencional, carente de veracidad, totalmente distinto de la realidad de Mayo, de acciones demasiado gregarias y sin conducta reglada, es decir, sin plan”. Y más adelantar concluye: “... la Sociedad de los Siete es un mito repetido por una tradición de errores1.


Para Canter la Revolución de Mayo no fue obra de una sola entidad conspirativa, sino que fue el resultado de la acción conjunta de varios grupos políticos divergentes que coincidieron finalmente en un objetivo común. Canter, siguiendo probablemente una insinuación de Groussac, pretendió explicar la constitución de esos grupos a través de los votos emitidos en el Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810, pero tal teoría nos resulta hoy insuficiente.


Desde entonces se han publicado diversos trabajos sobre la Revolución de Mayo en los que se hace alusión a este problema, entre los cuales nos parece el más importante, por su esmerada construcción y envergadura, el de Enrique C. Corbellini; pero ninguno de ellos nos ha convencido totalmente acerca del punto que abordamos.


En varios artículos publicados recientemente, Enrique Williams Alzaga delinea con erudición e inteligencia la constitución, a fines de 1808, de dos partidos políticos revolucionarios en las vísperas de Mayo. Uno “con Martín de Alzaga a la cabeza y apoyado por Francisco Javier de Elío en Montevideo”, que “pretendía constituirse en gobierno independiente (la palabra independencia debe entenderse aquí como no dependiente de la España francesa, de la España sometida a Napoleón)”. Y otro, “inducido especialmente por Belgrano”, que “ansiaba una monarquía constitucional con la princesa Carlota del Brasil como regente''2.


Si bien entendemos que esta diferenciación es correcta, creemos que el segundo de los partidos que menciona Alzaga no es tal, sino sólo uno de los dos grupos en que estaban divididos los americanos, acaudillado por Castelli, y no por Belgrano, —o en todo caso por los dos—, en tanto que el otro, reconocía la jefatura del comandante de Patricios, Cornelio de Saavedra. A estos dos grupos, genéricamente, para intentar una primera ubicación, podría denominárseles grupo civil y militar, respectivamente, aunque, como veremos después, tampoco es rigurosamente exacta.


Es decir, hubo tres grupos revolucionarios y no dos. Los tres tuvieron su origen en las invasiones inglesas. (“Desde la ocupación de Buenos Ayres por las fuerzas Británicas en 1806, no se ha cesado de promover partidos para constituirse en gobierno republicano...”3). Pero se estructuraron definitivamente en 1808, al conocerse las noticias de la situación crítica de la Península.



El Autor




Ediciones Teoría


Buenos Aires


1962