La diplomacia en los archivos europeos
Introducciòn
 
 
Cometeríamos una notable equivocación si antes de considerar la labor cumplida en los archivos extranjeros no hiciéramos una breve consideración sobre las ideas de nuestros historiadores que legaron un bagaje cultural y un conjunto de “ideas hechas”, según decía Abel Chaneton.

La justificación del movimiento emancipador creó un prejuicio contra todo el sistema político, económico y social que habíamos recibido de España. Durante mucho tiempo, y hasta podríamos decir que perdura, se ha enseñado que la independencia nacional fue el fruto de una campaña y de una actitud de recuperación de libertades desposeídas, como el acto liberador después de tres siglos de opresión impuesto por una raza y por una nacionalidad totalmente intrusas.


Las ideas históricas desde Mayo hasta Caseros

Por ese motivo durante las luchas por la independencia nacional y americana se divide la consideración de la historia de nuestro pasado en una cantidad de tendencias y de orientaciones que son contradictorias. Es una historia virulenta o una “literatura de guerra”, una leyenda de odio que estaba implícita en aquel conjunto de “ideas hechas”. Pasamos después a una “literatura política” que podríamos hacer arrancar de la presidencia de Rivadavia, cuyos errores originan otro período de arduas luchas en el panorama nacional. La primera obra de carácter documental que innovó la historiografía argentina fue la de Pedro de Angelis, Colección de obras y documentos relativos a la historia antigua y moderna de las provincias del Río de la Plata, (6 tomos), publicada entre 1836 y 1837.

Con Caseros triunfa una filosofía liberal que abarca e inunda la política, la historia y la actividad cultural. Sin duda, las investigaciones históricas tienen un resurgimiento. Las nuevas concepciones y actitudes filosóficas que se imprimen al movimiento político triunfante dan un tono al país y a la actividad cultural, que es importante también señalar.

Para la corriente de pensamiento que imperó en el país después de Caseros todo el pasado “no tenía ningún interés”, como decía Alberdi. Esta concepción fue compartida por los hombres de la primera generación de Mayo. Sarmiento refleja la misma hostilidad hacia España. Francisco Bilbao, en su Evangelio Americano, destacaba que “la España nos educó para la muerte y para la servidumbre”. Este libro fue durante largo tiempo de lectura obligatoria en los establecimientos de segunda enseñanza. Con notable equivocación e injusticia históricas dice que “el español (...) no cuenta un solo hombre en filosofía, en la poesía, en la política, en la ciencia. La humanidad no le debe un sistema (...)”.

En este clima tan adverso a España y a su legado, no es de extrañar que el convencional Juan María Gutiérrez propiciara en la Convención Constituyente de 1852 que se tomara el modelo de la Constitución de Estados Unidos con el objeto de destruir para siempre todo recuerdo del pasado español y de crear nuevas costumbres “que no tenía el país”. Esta fue la enseñanza de nuestros primeros juristas e historiadores. Con esta endeble predisposición se explica el desprecio por toda investigación de nuestro pasado hispánico y la aceptación de cualquier improperio contra España.


Labor de Manuel Ricardo Trelles

Veinte años después de De Angelis, nos encontramos con el primero de los grandes investigadores de nuestro pasado. Se trata de Manuel Ricardo Trelles quien, como De Angelis, columbra la importancia de lo inédito en el proceso de la historia argentina. Realizó su tarea con una paciencia y dedicación que hoy todavía nos admira, dando a luz sus estudios en el Registro Estadístico de la Provincia de Buenos Aires, que duró desde 1858 hasta 1871, y en revistas como la Patriótica del Pasado Argentino, del Archivo, de la Biblioteca, de Buenos Aires y del Río de la Plata.

Se resistió a la tendencia extranjerizante y anti-hispanista que imperaba en la historia nacional impuesta por la concepción filosófica y política desde mediados del siglo pasado. En una carta dirigida al entonces ministro de Gobierno, doctor Nicolás Avellaneda (10-XII-1867), destaca la necesidad de estudiar nuestra historia para salir al paso de todas “las infundadas o falsas apreciaciones que se han hecho y se hacen sobre los sucesos, llegando las aberraciones hasta el extremo de anatematizar nuestra propia raza y la civilización que nos dio existencia, atribuyéndoles exclusivamente la causa de males que provienen de muy diferentes y variadas circunstancias. Ese medio tan fácil como injusto de explicar efectos por causas que no han podido producirlo no es ciertamente el resultado del estudio de una historia, sino la expresión desesperada de quienes no han podido estudiarla, o no han tenido el valor de dedicarse a hacerlo en su verdadera página” 1.