el justicialismo
» Perón presidente

Un 4 de junio de 1946 Juan Domingo Perón prestaba juramento como Presidente de la Nación, tras ganar en las elecciones del 24 de febrero de ese mismo año, cuando su fórmula por el Partido Laborista, integrada con Hortensio Quijano, se impuso por sobre la de la Unión Democrática.

El partido ganador era una nueva estructura política a la que se había aliado un desprendimiento de la Unión Cívica Radical, la Junta Renovadora, y un pequeño partido independiente de origen conservador. La Unión Democrática, era una coalición integrada por la Unión Cívica Radical, el Partido Demócrata Progresista, el Partido Socialista y el Partido Comunista.

Si bien Perón ganó la presidencia por un mínimo margen de votos, por aplicación de la Ley Sáenz Peña el triunfo le otorgó un inmenso poder político: amplia mayoría en la Cámara de Diputados, la generalidad de los gobiernos de provincia y la totalidad del Senado Nacional.

Desde la primera magistratura, Perón construyó un régimen político, en el que su liderazgo carismático se presentó como un elemento de unión del vasto e inorgánico conjunto social que lo apoyó. A su vez, sus seguidores proyectaron un principio de lealtad hacia su persona que caracterizó el “personalismo” del movimiento. Un aporte extraordinario a la consolidación de esta relación, fue la presencia avasalladora de Eva Duarte. La esposa del presidente con un liderazgo informal, puesto que no desempeñó ninguna representación institucional, cumplió a la perfección la función de nexo ente la clase obrera y el gobierno.

 

Movimiento Sindical y derechos Sociales

La estrecha relación entre Perón y los obreros que nació años atrás, se consolidó durante su presidencia con la incorporación de la masa obrera a los sindicatos que se organizaron desde el Estado. El ascenso del peronismo al poder significó para los sindicatos un protagonismo en el quehacer político hasta entonces desconocido, gracias a los escaños que obtuvieron en el Congreso sus más prominentes dirigentes.

Las mejoras al sector obrero se ampliaron: incrementos salariales, mayor protección por enfermedad, por accidente, por despido, etc. Se crearon organismos asistenciales y culturales, como los centros de esparcimientos destinados al sector.

Las bases del movimiento justicialista fueron unificadas en el Partido Peronista y adquirieron pronto la vestidura doctrinaria que les faltaba: se elaboró la propia doctrina “el justicialismo” y la tercera posición.  En estallidos de propaganda, lemas y slogans traducían los puntos fundamentales en un lenguaje sencillo y popular.

 

Justicia Social, independencia económica y soberanía política

Perón proclamaba, una y otra vez, el surgimiento de una Argentina “nueva”, que aseguraba la instauración de la justicia social sobre la base de la soberanía política y la independencia económica. Llamaba justicia social la acción retributiva del Estado a través de los derechos sociales, e independencia económica a la autodeterminación frente a las presiones de los imperialismos (yanquis y soviéticos). La soberanía política radicaba en la voluntad popular que sostenía una organización política que armonizaba los intereses individuales con los del bien general.

 

La economía

A partir de 1946, el Estado nacional se hizo cargo de la prestación de los distintos servicios públicos que se encontraban en manos de empresas extranjeras. Así, fueron adquiridas la Unión Telefónica, los ferrocarriles -que estaban en manos de ingleses y franceses- y se nacionalizó la Compañía Primitiva de Gas, de origen inglés. El Estado nacional se encargó de todo el transporte fluvial, como también del aéreo -interno e internacional- mediante la creación de cuatro compañías que luego se fusionaron en Aerolíneas Argentinas.

El Estado nacional centralizaba el comercio exterior de las oleaginosas, los cereales y las carnes a través el Instituto Argentino de Promoción del Intercambio (IAPI). A través de este organismo se compraba al productor la cosecha o la carne y luego lo vendía al exterior, quedando la ganancia por la comercialización para el estado.

 

Primer Plan Quinquenal

A diferencia con las gestiones que lo precedieron, en el gobierno de Perón el Estado adquiere un rol protagónico. La administración pública se caracteriza por ser ordenada, y acrecientan las funciones del Estado en todos los órdenes.

La política nacionalista de Perón adquirió su formulación definitiva en el Primer Plan Quinquenal (1947-1951). Este plan proponía reformas en la esfera del Estado, en el de la Defensa y en el de la Economía. Ciertamente ambicioso, según sus postulados estaban destinados fundamentalmente a la promoción industrial y energética, con miras a lograr un país con un alto desarrollo, sin desocupación y elevada calidad de vida para los trabajadores; distinguido por una mejor distribución de la renta nacional, con precios estables y modernos centros industriales; con independencia financiera y una importante inversión productiva del ahorro. Entre sus resultados se destacan la construcción del gasoducto Comodoro Rivadavia-Buenos Aires y del Aeropuerto Internacional de Ezeiza.

La política petrolera adoptada hizo cargo al Estado de la exploración y explotación a través de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), que al principio se consiguió aumentar sensiblemente la producción, pero el resultado al finalizar el segundo mandato de Perón, era una producción que solo alcanzaba para el 50% del consumo interno.

 

Política exterior

Finalizada la Segunda Guerra Mundial (1945) dos sistemas políticos opuestos, el capitalismo de los Estados Unidos y el comunismo de la Unión Soviética se disputaban la hegemonía mundial.

Como respuesta a esta disyuntiva que planteó el mundo de la posguerra, Perón lanzó la llamada “Tercera Posición”, como una alternativa independiente, sobre todo para los países más nuevos, que no se comprometía con ninguno de los bloques internacionales, con la intención de que uniendo sus fuerzas alcanzaran una posición expectable en el concierto mundial.

La Tercera Posición con su carácter indefinido permitió al presidente argentino inclinarse -según la lo aconsejara la coyuntura- hacia uno u otro lado, reteniendo de este modo la autonomía de acción. Esa falta de alineamiento, a largo plazo terminó desfavoreciendo la posición Argentina frente a los procesos internacionales que sobrevendrían.

 

Relaciones con la oposición

La oposición estaba dividida y debilitada. Entre los partidos, sólo la Unión Cívica Radical quedaba como figura representativa de la minoría, con una representación parlamentaria mínima que hacía imposible oponerse a las políticas gubernativas, no representando una amenaza real sobre el poder de Perón.

A pesar de ello, el tratamiento a la oposición fue muy duro. Los diputados radicales fueron muchas veces impedidos de hablar, otras tantas expulsados, y hasta encarcelados, como en los casso de Ricardo Balbín y del sindicalista Cipriano Reyes, que se opuso a la disolución del Partido Laborista, la agrupación que había llevado a Perón a la presidencia.

Era muy difícil disentir en los diarios. Solo había dos periódicos de significación nacional: La Nación y La Prensa. Este último, en 1951, fue expropiado. Se había logrado aislar a la oposición de la actividad política.

Casi al finalizar el primer gobierno, el general Benjamín Menéndez sublevó a la Escuela de Caballería de Campo de Mayo con el objeto de iniciar un pronunciamiento militar en contra de Perón. El golpe fracasó, pero señaló el primer signo de fractura entre el Gobierno y las Fuerzas Armadas, y se aumentaron desde el gobierno las restricciones a la actividad opositora.