el justicialismo
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En los comicios generales efectuados el 11 de noviembre de 1951, en los que se habilitó por primera vez el voto femenino, el binomio peronista Juan Domingo Perón-Hortensio Quijano se impuso a la fórmula radical Ricardo Balbín-Arturo Frondizi por más del 60% de los votos, demostrando que el reconocimiento popular hacia el peronismo estaba en su esplendor.

El 4 de junio de 1952 Perón asumió por segunda vez la Primera Magistratura de la República -aunque esta vez sin su vicepresidente, quien había fallecido un mes antes- con un poder político aún mayor que el obtenido en su primer mandato presidencial, acompañado por un Congreso formado por 135 diputados peronistas contra 14 radicales, y por la totalidad de los senadores.

A dos meses del juramento presidencial, fallecía Maria Eva Duarte, “Evita”, dando lugar a masivas expresiones populares de pesar y de cariño hacia quien se consideraba "la abanderada de los descamisados", en un velatorio que duró 14 días. Su prematura desaparición engrandeció aún más su mítica figura, a la vez que significaba el fin de un canal de comunicación insustituible entre el líder y su gente.

 

Economía

La situación económica general del país no se vislumbraba tan favorable como años atrás. Las malas cosechas producto de la sequía, la baja de los precios en el mercado internacional y la inflación, influyeron en forma alarmante sobre la población. Los salarios que habían aumentado considerablemente en el período anterior se congelaron, se racionalizó la nafta, se restringió el consumo con algunas medidas, por ejemplo, no se vendía carne una vez a la semana y los horarios de los comercios se modificaron ante la necesidad de ahorrar energía.

 

Segundo Plan Quinquenal

Para encauzar la economía, Perón lanzó el Segundo Plan Quinquenal cuyas prioridades fueron el desarrollo agrario, la industria pesada y las obras de infraestructura. Aunque el nuevo plan tenía objetivos menos ambiciosos que el primero, logró reducir la inflación y con ello mejorar  la situación de los asalariados. Sin embargo, no se alcanzaron los niveles de prosperidad económica del período anterior.

La crisis tocaba la puerta del país, y con ello un agotamiento de la política distributiva que había caracterizado al régimen peronista y consecuentemente con ello, las huelgas y los conflictos sociales no tardaron en aparecer.

 El desabastecimiento petrolero puso en jaque el crecimiento industrial, puesto que YPF no cubría las exigencias del consumo. Perón debió buscar un punto de equilibrio entre las exigencias de la realidad y su retórica nacionalista a través de contratos por los cuales YPF contrataba los servicios de explotación o exploración de empresas extranjeras. Las resistencias que se opusieron demoraron estos contratos hasta mayo de 1955, mes en que se firmó con la Standard Oil, lo cual desató una tormenta política.

 

Relaciones con la oposición

El régimen peronista había demostrado, ya en su primera etapa, una escasa capacidad para asimilar a sus adversarios políticos, a los que, claramente, limitó en su accionar. El gobierno monopolizó desde la Secretaría de Informaciones de la Presidencia las radioemisoras y la incipiente TV; el único diario independiente de gran circulación era La Nación; ni una línea de los diarios ni una frase de las radios escapaba al abrumador aparato de propaganda del régimen ni a sus reiteradas consignas.

Las universidades, las entidades culturales y deportivas, la educación en todos los niveles, estaban sujetas a estrictas normas y participaban en la repetición de alabanzas que era la tónica del sistema.

La sanción de la ley que elevaba como la Doctrina Justicialista a Doctrina Nacional,  colocaba a sus rivales, peligrosamente, muy cerca de la frontera con lo antinacional, por el solo hecho de no acordar con ella.

A pesar de ello, la oposición se las arregló para conspirar para derrocar a Perón de diversas maneras: desde la utilización de panfletos hasta el extremo de hacer estallar bombas en medio de una marcha de adeptos al gobierno.

La intensificación de las actitudes autoritarias, personalistas y hasta violentas que manifestó el presidente Perón en este segundo mandato, no solo sirvieron para irritar aún más a sus opositores sino que también escandalizaron a quienes en un principio lo habían apoyado.

Hacia mediados de 1954 se desató un grave conflicto entre Perón y la Iglesia Católica, con la que había tenido muy buenas relaciones desde los primeros años de su gobierno. La creación del Partido Demócrata Cristiano, hizo suponer a Perón que la Iglesia amparaba la creación de un movimiento opositor a su gobierno, lanzando sorpresivamente, una severa andanada de medidas que herían los sentimientos católicos: la sanción de la ley de divorcio, eliminación de las subvenciones a los colegios católicos, derogación de la ley de enseñanza religiosa obligatoria, y hasta la prohibición de las procesiones y las festividades religiosas.

Este explicito enfrentamiento obró como detonante e hizo estallar las tensiones acumuladas a lo largo de varios años, sirviendo como aglutinante de la oposición política.