prólogo, nota y fuentes
 
CRÓNICA DE CINCO SIGLOS
1492 – 1992
3ª edición corregida
 

Prólogo

Loable el propósito de Juan Luis Gallardo y, a la vez, sorpresivo. Conocíamos al Gallardo de Frida, de La rebelión de los semáforos, de los incisivos y siempre actuales artículos periodísticos, de esa deliciosa Historia Sagrada para chicos argentinos que nos regaló no hace mucho. También al poeta que con humor y sarcasmo, movido por amor entrañable a la Patria, se atrevió a hacer esa mordaz Celebración y elogio que inmortalizó para siempre al anónimo “guerrero del bigote escarlata”. Hablaba de las Malvinas, claro. Pero no atinábamos a esperar de él un libro de historia. Por eso nos sorprendió. Y nos equivocamos. Si algo ha hecho siempre Juan Luis Gallardo, en todo lo que ha escrito, es historia. Pero entiéndase bien, no la historia académica de los sesudos investigadores del “acervo nacional”, como de tanto en tanto los califica el periodismo. Ha discernido la historia a partir del único hecho metahistórico ocurrido: la Encarnación del Verbo de Dios. Y por eso, sin presumir de historiador, siempre nos ha acercado a la historia. En este caso, la Crónica de cinco siglos que nos ofrece tiene un propósito manifiesto: “Relatar la historia de su país a los argentinos jóvenes, que se interrogan sobre el pasado para tratar de entender el presente e intentar prever el futuro.”
No quiere ser un trabajo erudito. Simplemente una “crónica”, como él lo señala, en la cual aborda con más intensidad el pasado reciente. Creemos que lo ha logrado y, a todas luces, lo estábamos necesitando.
El joven que tenga la suerte de leer este trabajo podrá recomponer su espíritu con esta crónica que ayuda a argentinizar la Argentina. La historia es uno de esos emprendimientos que interesan cuando uno descubre que, más allá de ella, hay una realidad oculta a la que, consciente o inconscientemente, se ordena. Una historia sin ese plus no significa nada. Mera acumulación de hechos que, a lo sumo, pueden interesar como curiosidad. Es puro fariseísmo presumir de objetividad cuando precisamente los hechos que se relatan implican y complican al hombre, protagonista y destinatario, al mismo tiempo, de esta realidad.
No hay historia objetiva porque el hombre, cuando se expresa, sea con la palabra o con los hechos, expresa su subjetividad; o, dicho de otro modo, en todo lo que hace hay implícita o explícitamente una intencionalidad. Los creadores de la historia oficial inventaron la “neutralidad” histórica después que se hicieron dueños de la cultura de gran parte de la humanidad. En esto los marxistas fueron más sinceros. Para ellos el homo oeconomicus define la historia y basta.
Para nosotros, cristianos, el hombre hecho a imagen y semejanza de Dios, para “amarle y servirle en la tierra y después gozarle en el cielo”, como decía nuestro ya distante catecismo, es el que define la historia o la transfigura al dotarla de un sentido trascendente. Y a partir de aquí ya no se puede ser neutral. O estamos con Dios o contra Dios. La respuesta nos la dará la Parusía. Y esto también es historia.
Pero volvamos a Gallardo, aunque ya prevenidos de que no es un historiador neutral. Pero tampoco es un sectario que deforma el dato para ideologizar la realidad. Busca, como hombre de fe y de doctrina, discernir el pasado a partir de la luz de la razón iluminada por la revelación, para desde allí manifestar la realidad. Y esto sin salirse de lo histórico, pero apuntando al discernimiento político. Por eso digo que estábamos necesitando un trabajo como éste, fundamentalmente dirigido a los jóvenes argentinos.
Se hallaba cortado desde hace tiempo el enlace de las jóvenes generaciones con una tradición histórica que, arrancando con la generación del Centenario, intentó restaurar el pasado argentino a partir de la cultura fundante de la nacionalidad. Fue una vertiente rica en pensadores, poetas, historiadores y maestros. Por nombrar solamente a algunos: Manuel Gálvez, Carlos Ibarguren, José María Rosa, Guillermo Furlong, Ernesto Palacio, Vicente Sierra, Cayetano Bruno.
Esta “Crónica” de Juan Luis Gallardo vuelve a enhebrar la historia argentina y da una puntada que llega hasta el presente. Como es lógico suponer, la vastedad de la época abarcada –cinco siglos– no le permite al autor ahondar en muchos temas más allá de una visión panorámica. Sí logra caractrerizar las principales líneas políticas desde nuestro pasado hasta la actualidad. Su aporte más importante lo hace al tratar los años recientes, desde 1960 al momento actual.
No estamos frente a un historiador –y él mismo lo dice–; por eso su obra es conceptualmente menos rica que la de Ernesto Palacio, pero gana a ésta en orden, ya que sigue un esquema que respeta la cronología. Con una prosa ágil y fácil de seguir y gustar, va relacionando el acontecer de nuestra Patria con los principales hechos a nivel mundial, y tal vez lo más original es que, aunque brevemente, nunca deja de hacernos conocer lo que acontece con la Iglesia.
Al acercarse a la actualidad acompaña el seguimiento de la historia política –eje central– con sintéticas alusiones a otros aspectos de la vida argentina, intentando extraer también de allí notas esenciales de nuestro ser nacional.
No elude la responsabilidad de incorporar con realismo y valentía temas como la valoración de la guerra contra la subversión, la guerra de las Malvinas y las graves consecuencias políticas de la ideología socialdemócrata actuando a través del gobierno de Alfonsín.
Se podrá o no estar de acuerdo, pero no exijamos neutralidad cuando está en peligro el mismo ser cultural e institucional de la nacionalidad. Tampoco fue neutral Ricardo Rojas cuando denunciaba, allá por 1909, los grandes males que aquejaban al país y que hoy parecen reeditarse: “El cosmopolitismo en los hombres y en las ideas; la disociación de viejos núcleos morales; la indiferencia para con los negocios públicos; el desconocimiento de nuestro propio territorio; la falta de solidaridad nacional; el ansia de la riqueza sin escrúpulo; el culto de las jerarquías innobles; el desdén por las altas empresas; la falta de pasión en las luchas; la venalidad del sufragio; la superstición por los nombres exóticos; el individualismo demoledor; el desprecio por los ideales ajenos; la constante simulación y la ironía canalla” (La restauración nacionalista).
En definitiva, esta Crónica de cinco siglos ha tomado partido y lo agradecemos. Y lo hizo sin incurrir en arbitrariedades ni parcialidades, sino respetando la tradición histórica nacional basada en fuentes documentales, acerca de las cuales el autor hace una escueta declaración al final. Teniendo en cuenta que los destinatarios son los jóvenes, los libera de lo que podría ser una pesada carga de citas o aparato crítico. Juan Luis Gallardo es un católico que desde siempre ha dado testimonio y se ha jugado por la verdad. No necesita citas. Nos basta con su autoridad.
Su libro no busca convencer; no es un ideólogo. Tan solo relatar y testimoniar el acontecer del país, pero discernido desde su cultura fundacional. Por eso, lejos de cerrarse en sí mismo, dramatizando dialécticamente desde la historia, está abierto a la esperanza. Es, nada más ni nada menos, que la crónica de estos juveniles 500 años de la Patria:
“A las puertas del siglo XXI –concluye Gallardo–, transcurridos 500 años desde el descubrimiento del continente cuyo extremo austral ocupa, la Argentina continúa su larga espera. Pues ésta –una espera prolongada– es quizá la característica más saliente que signa gran parte de nuestra Historia. Espera que, a veces, parece a punto de concluir. Y que, con frecuencia, induce a suponer que se prolongará indefinidamente. Espera, en fin, que determina para los argentinos al menos dos obligaciones: la de saber seguir esperando, aún contra toda esperanza; y la de asumir el deber patriótico de empeñarse por verla transformada en jubilosa realidad.”
 
Fr. Aníbal Fosbery o. p.
Buenos Aires, mayo de 1994
 

Nota preliminar 

El propósito que me llevó a escribir este libro ha sido relatar la historia de su país a los argentinos jóvenes, que se interrogan sobre el pasado para tratar de entender el presente e intentar prever el futuro. Inquietud que adquiere mayor intensidad con relación al pasado reciente, aquel que no está incluido en los textos orgánicos que tienen a su alcance. Por tal motivo, los capítulos de esta obra, breves y sintéticos al principio, van siendo más minuciosos de la revolución del 43 en adelante.
Se trata de un trabajo sencillo, desprovisto de toda pretensión erudita y que he preferido denominar crónica, pues no soy yo historiador. Pero que, eso sí, espero haya resultado ameno y razonablemente ecuánime. No transitan por el mismo, en efecto, querubines ni satanases, monstruos abominables ni paladines refulgentes: tan sólo los hombres y mujeres que construyeron nuestra nación, con sus virtudes y sus miserias. Lo cual no excluye que, a veces, trasluzca el texto algunas de mis preferencias y antipatías, cosa inevitable ya que no carezco de ellas.
Impulsado por el reconocimiento y el afecto quiero señalar por último que, mientras concertaba las páginas que siguen, volvió con frecuencia a mi memoria el recuerdo de Francisco Seeber, lamentando no las haya podido leer. Dado que confío respondan a esa peculiar docencia patriótica que ejercitó respecto a un grupo de muchachos, entre los que tuve la fortuna de contarme, hace ya mucho tiempo.
 J. L. G.
 

Fuentes

Para escribir este volumen he acudido a fuentes variadas y hasta contrapuestas. Respecto al extenso lapso incluido en los que podríamos llamar “libros de Historia clásicos”, me valí de Mitre y de López, de Pelliza, Saldías, Sierra, Palacio y Rosa. Especialmente de este último, cuya obra he empleado como guía general de la mía, hasta el período correspondiente al ascenso de Perón al poder.
Y, arribado a tiempos más recientes, fueron mayores las dificultades pues no dispuse de textos orgánicos, debiendo utilizar publicaciones referidas a fragmentos del acontecer nacional. Así, me resultaron particularmente útiles los trabajos de Félix Luna, tanto los contenidos en tomo como las cronologías anuales de la revista Todo es Historia, que dirige. Analicé por último las colecciones del diario La Prensa.
Aún corriendo el riesgo de incurrir en omisiones, procuraré enumerar las fuentes consultadas para redactar el trecho final de mi crónica, que son las siguientes:
 
El 45, de Félix Luna.
La primera presidencia de Perón, de Hugo Gambini.
Dios es justo, de Ernesto Lonardi.
Los panfletos, de Félix Lafiandra.
Ejemplar editado con motivo del 75 aniversario del diario La Razón.
Resúmenes anuales de la revista Todo es Historia.
De Perón a Lanusse, de Félix Luna.
De Perón a Videla, de Andrew GrahamYool.
Evita montonera, publicación de “Montoneros”.
Aniquilen al ERP, de Héctor R. Simeoni.
Confesiones de un montonero, de Eugenio Méndez.
1035 dramáticos días, número especial de la revista Gente.
El Proceso de Reorganización Nacional, volúmenes I, II y III, de Oscar Troncoso.
La guerra de las Malvinas, edición en fascículos de José Fernández Reguera.
Cronología diaria, anexo a la edición anterior, de Raúl Larra.
Malvinas. La trama secreta, de Oscar R. Cardoso, Ricardo Kirschbaum y Eduardo Van der Kooy.
Malvinas: la guerra justa, de Jorge I. Anaya, Boletín del Centro Naval Nº 766.
Línea de fuego, de Héctor R. Simeoni y Eduardo Allegri.
La guerrilla de papel, de Horacio F. Bravo Herrera.
 
Al material declarado cabe agregar numerosos testimonios, que me fueron brindados directamente por los protagonistas de algunos hechos aquí recogidos y, naturalmente, mis propios recuerdos, vinculados con los que me tuvieron por espectador, a veces próximo.
Agradezco por último a Carlos Ibarguren (h), Juan Manuel Medrano, Ricardo Mihura Seeber, Héctor Simeoni, Ernesto Calandra y Adolfo Muschietti Molina haber revisado los originales de la presente obra, corrigiendo los mismos y aportándome numerosos datos que la mejoraron decididamente, amén de ponerme a cubierto de incurrir en errores, que no por involuntarios hubieran dejado de ser lamentables.
“Esquina Chica”, 25 de mayo de 1993 *
 
* Mientras corregía las pruebas de página correspondientes a la primera edición de este libro, en noviembre de 1994, caí en la tentación de agregar unas pocas referencias a ciertos hechos importantes, ocurridos después de la fecha en que concluí mi trabajo. El cual, por tal motivo, quizá debería haberse llamado “Crónica de cinco siglos... y pico”.
 
 

Primera edición: 1995

Segunda edición: 1998

Tercera edición: 2007

Ilustración de tapa 

Acuarela de Juan Carlos Huergo

Reconocimiento

 

A Clodomiro y a Tulio

que hicieron posible esta nueva edición

 

 
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© Ediciones Vórtice
 
Gallardo, Juan Luis
Crónica de Cinco Siglos: 1492/1992
3ª ed. - Buenos Aires: Vórtice, 2007
384 p.; 23 x 16 cm.
ISBN 978-987-9222-30-0
1. Historia Argentina. I. Título
CDD 982
 
Fecha de catalogación: 31-10-2007