la generación del 80
» el ideario liberal

A fines del siglo XIX, desde los inicios mismos de la década de 1880, los destinos de la República Argentina comenzaron a ser conducidos por dirigentes profundamente compenetrados con el ideal del progreso, que intentaron adecuar al país a su propuesta, procurando el abandono de las tradiciones culturales del pasado para adoptar los usos de las naciones europeas consideradas más adelantadas.

Los integrantes de esta corriente política, a la que se conoce como “Generación del 80”, convencidos defensores del ideario liberal predominante en el mundo, consideraba que al progreso se arribaría como directa consecuencia del crecimiento económico, y a este lo harían posible los postulados del liberalismo, que ofrecía a la Argentina recientemente pacificada y en proceso de modernización su ingreso al movimiento del comercio mundial para satisfacer la creciente demanda de granos y carne, cuya producción el país estaba en condiciones de aumentar rápidamente. La apertura al mercado internacional permitiría acceder a los adelantos materiales (ferrocarriles, telégrafos, etc.) con la ayuda de los capitales extranjeros a los que había que atraer, favoreciendo la concreción de los negocios con políticas adecuadas.

Se entendía que todo este desarrollo comercial solo sería posible sobre la base del orden, pues solo con organización en condiciones de tranquilidad se favorecería un progreso sin pausa, que aseguraba al país un futuro de gloria y satisfacción material.

A los precursores de este modelo nacional los perturbaba la gran extensión territorial del país que estaba escasamente poblada, lo que era visto como una desdicha. Consideraban a la distancia, a la lejanía entre las poblaciones, responsable de haber hecho emerger y fructificar las semillas de la “barbarie” ―como denominaban al gauchaje―, a la que debía combatirse sembrando las semillas de la civilización: caminos, ferrocarriles, una población laboriosa.

Europa, era el símbolo de la civilización, y por sus admirables costumbres debía atraerse a su gente, favoreciendo la inmigración para que se afincara en nuestras tierras y las trabajara, pues su mezcla con la población nativa forjaría un nuevo modelo de habitante, el ciudadano, dotado de hábitos de trabajo, respetuoso de la ley y la autoridad y capaz para actividades sociales y productivas.

Sus dirigentes veían que mientras durara la implantación de este ideario no era compatible con la vigencia de una democracia plena, consideraban que solo gradualmente podría llegarse a ella, mediante la educación popular y la influencia de la inmigración anglosajona porque en las condiciones de analfabetismo existentes, la democracia sólo alteraría el orden político y social, algo que creían muy inconveniente para una nación civilizada.

El ideario liberal conjugaba al lema “gobernar es poblar” de Juan Bautista Alberdi con el postulado de Sarmiento “educar al soberano”, ambas piezas maestras para el logro de la evolución que esperaban. La consolidación de una clase de pequeños y medianos propietarios y la extensión de la educación, aportaran las condiciones para extender el sufragio y consolidar a democracia.