la confederación
» secesión de Buenos Aires

En virtud de las autonomías provinciales era indispensable que las legislaturas aprobasen y ratificaran lo acordado por sus gobernadores en San Nicolás. Así fue como Vicente López, gobernador de Buenos Aires, una vez firmado el Acuerdo, el 31 de Mayo de 1852, lo sometió a la consideración de la legislatura porteña. En las conocidas “jornadas de junio” la mayor parte de los legisladores se pronunciaron en contra del Acuerdo. En ellas tuvieron destacada actuación Dalmacio Vélez Sárfierld y un joven legislador llamado Bartolomé Mitre, quienes votaron por su rechazo, por considerar que se otorgaban demasiadas atribuciones a Urquiza, recordando cuánto se había tenido que luchar contra Rosas por su concentración de facultades.

Esto provocó una verdadera conmoción política que llevó a que López presentara su renuncia junto con la de sus ministros ante la Legislatura. Ésta la aceptó inmediatamente y designó en su reemplazo al presidente de la asamblea, Guillermo Pinto. Urquiza intervino con rapidez y firmeza declarando disolución de la Legislatura y reinstaló a López en su cargo. Ëste volvió a renunciar en julio de ese mismo año, y ante tal situación Urquiza asunió personalmente el cargo de gobernador.

Antes de partir hacia Santa Fe, el 8 de septiembre, para iniciar las sesiones del Congreso, el general entrerriano decretó una amnistía política, dejando al mando de la provincia al general José Manuel Galán. Solo tres días de ausencia fueron suficientes: el 11 de septiembre, el grupo liberal, encabezado por Mitre, Alsina, Pinto y Pirán, promovían una revolución que depuso a Galán e iniciaba el definitivo movimiento hacia la separación de la Confederación Argentina.

Esta revolución resultó de suma importancia ya que durante casi once años la provincia de Buenos Aires se constituyó como un verdadero estado soberano, contando con una Constitución propia, dictada en 1854, emitió su moneda y se relacionaba como tal con las naciones del mundo.

Esta situación se mantuvo hasta 1861, cuando la victoria de Mitre sobre Urquiza en la batalla de Pavón, permitió a los liberales porteños plasmar definitivamente su ansiado proyecto, abriendose una nueva era en la historia nacional.