desde 1800 hasta 1851
una nueva y gloriosa nación
 
 
Depuesto Alvear, el cabildo convocó al pueblo de Buenos Aires para decidir su forma de gobierno, designar autoridades transitorias y elegir una “Junta de Observación”, que dictaría el Estatuto destinado a regular el funcionamiento institucional. Mientras tanto, dispuso graves sanciones contra los alvearistas en desgracia, haciendo fusilar al coronel Paillardell y desterrando a Monteagudo, Agrelo, Rodríguez Peña, Alvarez Jonte y otros. Ignacio Álvarez Thomas asumió interinamente el cargo de “Director de Estado”.
La Junta de Observación cumplió rápidamente su cometido, redactando el Estatuto Provisional cuya confección se le encomendara. Era éste una suerte de constitución, inspirada en la de Cádiz, que disponía sobre múltiples materias. Sólo lo aceptaron Buenos Aires y Tucumán. Cuyo, Salta y Córdoba se redujeron a acatar la convocatoria, contenida en el mismo, para un Congreso General.
Álvarez Thomas derogó las sucesivas condenas fulminadas contra Artigas, ordenando quemar en la plaza pública los documentos que las contenían.
Rondeau siguió al mando del Ejército del Perú, gravemente desorganizado. Pese a ello, inició un avance en febrero del 15, con suerte diversa: fue vencido en El Tejar, venció en Puesto del Marqués y volvió a caer derrotado en Venta y Media (allí recibió José María Paz la herida cuyas consecuencias determinarían que se lo llamara “el manco”). Por fin, en SipeSipe, las tropas patriotas sufrieron un tremendo descalabro a manos de Pezuela, el 29 de noviembre de 1815. Se perdieron en la batalla 2.000 hombres, entre muertos, heridos y prisioneros; todos los cañones y 1.500 fusiles.
Güemes se apoderó del gobierno en Salta, mediante una revolución.