desde 1800 hasta 1851
una noble víctima
 
 
Instalado provisoriamente en el gobierno Vicente López, se realizaron elecciones para constituir la Junta de Representantes y ésta designó gobernador de la provincia de Buenos Aires al coronel Manuel Dorrego, quien asumió también la conducción de la guerra –no concluida formalmente aún– y el manejo de las relaciones exteriores nacionales, ya que se disolvió el Congreso General.
Dorrego era porteño, federal, guerrero de la Independencia. Valiente y de carácter abierto, turbulento y burlón, había estudiado jurisprudencia y practicado el periodismo. La información que desencadenó el escándalo de la “River Plate Minning” apareció en El Tribuno, que era el diario de Dorrego.
El ejército argentino permanecía acampado en la Banda Oriental, sin pertrechos y desmoralizado. La guerra continuaba, no obstante, mediante la actuación de corsarios que hostigaban a los buques mercantes brasileros y que tenían por base Carmen de Patagones. Se contaron entre ellos César Fournier, Juan Halstead Coe y Jorge de Kay.
Dorrego admite un plan audaz, urdido en combinación con los republicanos brasileros, el cual consiste en secuestrar al emperador, contando con el apoyo de los mercenarios alemanes e irlandeses enganchados en las fuerzas del Brasil, que serán sobornados al efecto. Fournier llega a navegar próximo a Río de Janeiro, para recibir a bordo a su forzado pasajero Braganza. Pero, enterado de la conjura, Posonby informa a la corte por medio del almirante Oway y el plan fracasa.
 Sin dinero para continuar la guerra, Dorrego cede finalmente a las presiones y despacha dos enviados para firmar una convención preliminar de paz. Son ellos Juan Ramón Balcarce y Tomás Guido. Dicha convención preliminar establecía la renuncia del Brasil y la Argentina a la “provincia de Montevideo”, que se transformaría en nación independiente, la actual República Oriental de Uruguay. El 4 de noviembre de 1827, quedó aprobada en Buenos Aires esa convención, concluyéndose la guerra.