desde 1900 hasta 1992
Sublevación de Seineldín
 
 

Antes de concluir 1988, otro estallido militar conmueve al país. Su jefe, esta vez, es el coronel Mohamed Alí Seineldín.


La figura de Seineldín estuvo ligada desde su principio con el “fenómeno carapintada”. Por cuanto dicho fenómeno se vincula con la existencia de los cuerpos de comandos, cuyo primer instructor fue Seineldín. Quien transmitió a sus hombres una mística peculiar, que incluía un fuerte componente religioso, ideas políticas nacionalistas y una acentuada valoración de las virtudes específicamente militares.


El coronel goza de prestigio entre sus camaradas. Alto, flaco, con una notoria nariz aquilina, expresa sus ideas mediante esquemas dialécticos aptos para ser condensados gráficamente. Ha estado en las Malvinas, donde condujo de modo impecable las fuerzas a su mando, sin que el trámite de las acciones le permitiera concretar su fervoroso deseo de entrar personalmente en combate. Dado que su presencia significaba un riesgo potencial para el gobierno, consintió éste que se fuera a Panamá, donde fundó el Colegio Militar e instruyó un cuerpo de “elite”, creado por el general Manuel Noriega. Allí estaba cuando Rico desencadenó los acontecimientos de Semana Santa.


Sobrevinieron roces entre Rico y Seineldín, derivados del ascendiente alcanzado por aquél y de la subordinación tácita que los “carapintadas” mantenían respecto a éste. Roces que no fueron explícitos y que ambos negaron reiteradamente, manifestando Rico seguir acatando la autoridad de “El Turco”.


De algún modo, el coronel suponía hallarse en deuda con sus seguidores respecto a una definición en el terreno de la acción, que ellos esperaban. Trasciende, además, que la Junta de Calificaciones le negará el ascenso a general, lo cual determinaría su neutralización operativa y su posterior retiro. Dos elementos más confluyen en el origen de aquel pronunciamiento: por un lado, se sigue hostigando administrativamente a los “carapintadas” que, uno a uno, van quedando fuera del Ejército; por otro, los cambios de destino que se producirán a fin de año desarticularían la organización con que contaban, precipitando esas circunstancias los acontecimientos en ciernes.


El primer síntoma de que algo estaba por suceder, lo constituyó la desaparición de su acantonamiento del grupo “Albatros”, una unidad de comandos perteneciente a la Prefectura Naval e instruida originariamente por Seineldín. Reaparecerán “los albatros” en la Escuela de Infantería de Campo de Mayo (la misma que fuera teatro de los hechos acaecidos a partir del Jueves Santo de 1987), donde se había instalado “El Turco” luego de viajar subrepticiamente desde Panamá.


Caridi mueve con dificultad sus efectivos hacia la Escuela sublevada. Recibe ésta fuego de morteros, aunque el ataque dura poco. Un oficial es gravemente herido por su jefe, cuando intenta pasarse a los rebeldes. En un momento dado, inesperadamente, Seineldín y los suyos se trasladan sin ser hostilizados desde Campo de Mayo a los cuarteles de Villa Martelli, donde se hacen fuertes. Fuerzas blindadas, al mando del general Isidro Cáceres, convergen sobre Villa Martelli.


Cáceres es un hombre respetado por los “carapintadas”, lo cual torna previsible el desenlace del episodio. Caridi y Seineldín parlamentan, con Cáceres por testigo y fiador, llegando a un acuerdo cuya existencia negarán más tarde Caridi y Cáceres. La sublevación había comenzado el viernes 2 de diciembre y concluyó el domingo 4. Salvo para el mayor Hugo Abete, que proseguirá en rebeldía durante cinco días más, al frente del regimiento de infantería mecanizada 6, con asiento en Mercedes, provincia de Buenos Aires. Quien sólo entregará la unidad al coronel Seineldín que, protagonizando un suceso singular, viajará hasta Mercedes para recibirla, pese a encontrarse ya preso.


Pero, mientras los militares negociaban, ante el cuartel de Villa Martelli se registraron encuentros sangrientos entre policías y civiles. Ya que grupos de izquierda organizados avanzaron sobre la guardia, librando una batalla campal contra efectivos policiales, a lo largo de cuyo transcurso se intercambió fuego nutrido, con tiradores de ambas partes cuerpo a tierra. Como saldo, resultaron dos civiles y un policía muertos, sumando más de 40 los heridos.