desde 1492 hasta 1800
el Siglo XVIII
 
 
Al morir Carlos II sin descendencia, se ciñó la corona Felipe V, que era duque de Anjou y pertenecía a la dinastía de los borbones, de la cual no saldrían buenos reyes para España. Su ascensión al trono dio lugar a la Guerra de Sucesión (1702-1713), que concluiría con el Tratado de Utrecht, muy desfavorable a los españoles. En virtud del mismo, Portugal obtiene la Colonia del Sacramento, e Inglaterra, además de quedarse con Gibraltar, logra ventajas comerciales que tendrían fuerte influencia en el Río de la Plata.
Entre 1721 y 1734, ocurrieron graves sucesos en Asunción, donde el vecindario se ha opuesto a las autoridades designadas por el virrey del Perú, eligiéndolas por sí y dando lugar al gobierno “comunero” –vale decir “del común”–, que tiene antecedentes en una antigua revuelta castellana, sofocada a sangre y fuego. También la paraguaya fue finalmente reprimida por el gobernador de Buenos Aires, Bruno Mauricio de Zavala, fundador de Montevideo.
Mediante el Tratado de Permuta (1750), los portugueses se comprometen a entregar la Colonia del Sacramento, recibiendo en cambio las misiones jesuíticas establecidas al este del Río Uruguay, trueque que les resultaba sumamente ventajoso. Pero indios y jesuitas se resisten, estallando la “Guerra Guaranítica”. Los combates se prolongan tres años y el Tratado queda sin efecto.
 

 

 

 

 

Hacia el siglo XVII, ya había hecho su aparición en las llanuras del Río de la Plata y en las que se extendían al sur del Brasil un personaje característico: el gaucho, que en portugués llamaron “gauderio”. Hombre libre, de a caballo, diestro en las tareas rurales, manejaba el lazo y las boleadoras, habiendo aprendido de los indios el uso de éstas. Anduvo errante al principio, solitario y sin “querencia”. Más tarde, peón de estancia o dueño de algunos animales, tuvo rancho y familia.