desde 1900 hasta 1992
Frondizi
 
 

Frondizi tiene 51 años cuando asume el gobierno. Representa más edad. Es flaco, desgarbado, usa grandes anteojos que acreditan su condición de intelectual. Cuenta con antecedentes marxistas pues, luego de militar en el reformismo estudiantil, dentro del grupo “Insurrexit”, ha sido abogado del Socorro Rojo Internacional. Practica ahora un realismo pragmático y son reconocidas su lucidez y habilidad política. Dos de sus hermanos son izquierdistas: Risieri y Silvio, filósofo aquél y político éste, mentor del grupo “Praxis”, trotzkista.

Llega al poder en condiciones sumamente delicadas. Los hombres de la “Revolución Libertadora” –en su versión posterior a Lonardi–, frustrados sus deseos de ver presidente a Balbín, lo miran como a un enemigo, ya que, aunque él lo niegue enfáticamente, saben que ha sido encumbrado por los votos peronistas, en virtud de un pacto con Perón. Y Aramburu deberá superar fuertes presiones para cumplir la palabra empeñada de entregarle el bastón presidencial. Conservando los “gorilas”, no obstante, el control absoluto de las Fuerzas Armadas, a cuyo frente han colocado jefes afines.

El peronismo, por su parte, se apresta a cobrar el precio del aporte electoral suministrado a la UCRI (Unión Cívica Radical Intransigente), el partido de Frondizi, sin reparar en la precaria situación que éste atraviesa. Para peor, el panorama económico resulta pésimo.

En materia internacional, el nuevo presidente se declara “occidental y cristiano”, manteniendo la alineación del país con los Estados Unidos, pero procurando a la vez gravitar en el bloque que se conocerá como “Tercer Mundo”. Su decisión de establecer la libertad de enseñanza, permitiendo el funcionamiento de universidades privadas, le granjea el apoyo de la Iglesia y una violenta oposición de la izquierda, que se nucleará tras su hermano Risieri, que es rector de la Universidad de Buenos Aires. Y, en lo que a economía se refiere, pondrá en marcha una profunda transformación. Para llevarla a cabo, no vacila en actuar de manera diametralmente opuesta a los principios que sostuviera en “Petróleo y Política”, abriendo la explotación petrolera a compañías extranjeras. Facilita asimismo la radicación de varias fábricas de automóviles, que inician su producción en gran escala. Y constituye SEGBA (Servicios Eléctricos del Gran Buenos Aires), empresa estatal que obtiene créditos del exterior para renovar usinas y redes de distribución.

Cuenta Frondizi con dotes de estadista. Pero tropieza con un grave problema: no suscita confianza, no logra ser creído. La izquierda abomina de él, debido a su alineación con los Estados Unidos y a la libertad de enseñanza que se apresta a instaurar. La derecha recela de sus antecedentes marxistas. El peronismo se vuelca en contra suya pues, luego de otorgar un aumento masivo de salarios al comenzar su gestión, mantiene éstos congelados y demora en devolver la CGT a los dirigentes gremiales. El antiperonismo no le perdona el pacto con Perón. Y, aunque algunos nacionalistas están en el gobierno (Mario Amadeo es embajador ante las Naciones Unidas, Santiago de Estrada ante la Santa Sede y Alberto V. Tedín ocupa la Secretaría de Industria), el nacionalismo lo ataca desde Azul y Blanco, tempranamente decepcionado por la contradicción que implica su política petrolera.

La izquierda promueve una intensa agitación para impedir que se implante la libertad de enseñanza. Estudiantes “laicos” y “libres” se trenzan en batallas campales y, mientras se trata el caso en el Congreso, la FUBA (Federación Universitaria de Buenos Aires) ocupa Facultad tras Facultad para oponerse al proyecto. Tan sólo la de Derecho es tomada por el SUD (Sindicato Universitario de Derecho), en defensa del mismo, finalmente aprobado.

El peronismo organiza huelgas. A raíz de una de ellas, declarada por los obreros de la carne, el gobierno los desaloja del Frigorífico Lisandro de la Torre utilizando tanques del Ejército. Un paro, que dura más de un mes, paraliza los Bancos, siendo movilizados los empleados bancarios.

En noviembre de 1959, la policía tucumana desbarata una rudimentaria organización guerrillera pseudo-peronista, al mando del “Comandante Uturunco” (Manuel Enrique Mena), uno de cuyos asesores responde a John William Cooke, recién llegado de Cuba.

Los mandos “gorilas”, que el gobierno ha heredado, formulan a Frondizi continuos “planteos” militares, exigiendo o resistiendo medidas oficiales. Con motivo de uno de esos planteos, es nombrado ministro de Economía el ingeniero Alvaro Alsogaray, a pesar de sostener un liberalismo económico que discrepa totalmente con el “desarrollismo” frondicista.

Un estado de cosas tan complejo obliga al presidente a negociar constantemente, a adoptar posturas contradictorias, indisponiéndose con tirios y troyanos. Y, para peor, no contribuye a despertar simpatías el tono frío, académico, que utiliza en sus mensajes. Pese a todo lo cual goza de considerable prestigio internacional.

Pero ocurrió que los sucesos internacionales también se aliarían contra Frondizi. El 1º de enero de 1959, con decidido apoyo norteamericano, la guerrilla comandada por Fidel Castro baja de Sierra Maestra, luego de haber renunciado el ex sargento Fulgencio Batista, que gobernaba dictatorialmente Cuba. Los EE.UU. han prestado ayuda a Fidel, pues entienden colaborar así con la democracia, pese a que Castro cuenta con antecedentes comunistas. Pero el régimen inaugurado por éste tiene poco de democrático, va tomando un tinte decididamente marxista y se afianza mediante un baño de sangre, ya que, en virtud de sentencias sumarias dictadas por “tribunales revolucionarios”, los fusilamientos de opositores se suceden sin interrupción en la isla. Pronto caerán también, ante los pelotones, varios hombres que han acompañado en su aventura al nuevo dictador cubano.

Ante el sesgo de los acontecimientos, la Unión imprime un giro de 180º a su postura respecto a Castro, hostigándolo y procurando aislarlo. Con lo cual logra que se vuelque totalmente en brazos de los soviéticos y procure “exportar la revolución” al continente. Ello torna muy delicadas sus relaciones con los países latinoamericanos, adoptando Frondizi sobre el particular una política que suscitará toda clase de suspicacias: solidario con los Estados Unidos, procurará, sin embargo, que no se apliquen sanciones continentales contra La Habana, para evitar que quede segregada del resto de América.

También despiertan recelos los acuerdos de integración con Brasil, que se firman en Uruguayana (1961) entre Frondizi y el presidente Janio Quadros: en parte porque Quadros es izquierdista, en parte porque se desaprueba la integración entre naciones que han sostenido una puja de supremacías, señalada por sus respectivas historias como casi inevitable.

En agosto de 1961 tiene lugar la Conferencia Económica de Punta del Este, a la que concurre Ernesto Guevara (“el Che”) en representación de Cuba. Guevara es argentino, ha tenido actuación estudiantil antiperonista, profesa ideas marxistas, combatió junto a Castro en Sierra Maestra y, a la sazón, es ministro de Industrias cubano. Durante la Conferencia, ataca con acritud a los Estados Unidos y califica a los organismos internacionales del sistema interamericano como “letrinocracia”. Concluida su actuación, viaja clandestinamente a Buenos Aires para reunirse con Frondizi. Al trascender esa reunión sobreviene un escándalo, acusándose al presidente de duplicidad y de conservar sus íntimas inclinaciones hacia el comunismo. Impresión que no quedará borrada cuando, mucho más tarde, rompa relaciones con Cuba.

Frondizi, que ha visitado los Estados Unidos durante el gobierno de Eisenhower, realiza viajes por Europa y Oriente. Llama la atención, por entonces, una fotografía donde aparece subido a un elefante, en la India.

Las crisis militares se suceden.

En un incidente con Chile, Infantes de Marina argentinos desembarcan en el islote Snipe. Y buques de la Armada localizan y atacan un submarino no identificado, en Golfo Nuevo.

Durante la gestión de Frondizi –al celebrarse el siglo y medio de la Revolución de Mayo– un comando israelita secuestra en la Argentina a Adolf Eichmann, acusado de haber perseguido a los judíos como oficial de las SS, en épocas de Hitler. El gobierno protesta tibiamente ante esta violación de la soberanía nacional. Eichmann es juzgado en Israel y ahorcado.

La política de Alsogaray tuvo un lema: “hay que pasar el invierno”. En virtud del cual se aplican estrictas economías. Pasarán los inviernos y la situación económica no mejorará en el país.

Durante el gobierno de Frondizi, visita la Argentina el príncipe Felipe de Edimburgo.

 

 

 

 

 

 

Son los años de la “guerra fría” entre EE.UU. y la URSS. Gobierna en ésta Nikita Khruschev y, en aquéllos, llega a la presidencia John F. Kennedy, un hombre joven perteneciente al partido demócrata, católico y con inclinaciones “progresistas”, que lo impulsan a observar con simpatía a la izquierda intelectual, aunque sin ceder por eso en la pulseada que su país sostiene con los soviéticos.  Juan XXIII ha sucedido a Pío XII en el trono de Pedro y convocará al Concilio Vaticano II, cuyos debates –frecuentemente distorsionados en los trascendidos que publican las agencias de información– conmoverán las estructuras de la Iglesia.

Una cápsula espacial soviética pone en órbita al primer astronauta, Yuri Gagarín.